Respuesta sobre TLV 3: Sobre TTSN, errores y falsificaciones

Este post continúa una serie de respuestas a un artículo de erudición dudosa. En este caso, el tema es el tiempo de trabajo socialmente necesario, su definición, y su contrastabilidad.

Discusión

La cuestión que se plantea es porqué Marx desarrolla la noción de trabajo socialmente necesario, en lugar de conformarse con la idea ricardiana de tiempo de trabajo, a secas.

Obviamente, la teoría de Ricardo era insuficiente para explicar la determinación del valor por el trabajo. De otro modo, no habría sido necesario superarla…

Esto al crítico le parece objetable. Según su idea, una teoría debería dejarse intacta en su primer desarrollo: cualquier intento de corregirla y mejorarla es de por sí sospechoso. No importan los méritos racionales, ni la contrastabilidad que surja de la superación de la teoría. Los criterios racionales deben dejarse de lado, y en cambio debe establecerse un límite arbitrario que prohíba la continuación del esfuerzo intelectual. Algo que permita aullar que desde cierta línea “no vale” avanzar más.

Esta posición es, por supuesto, de lo más respetable, si nos guiamos por las reacciones que tuvo la gente bien de la época, ante la teoría ricardiana, y luego, ante la teoría marxiana. Pusieron en práctica este principio del tabú, mediante el abandono absoluto de la perspectiva holística de la economía política, y coincidieron en inventar una “teoría” que no tuviera nada que ver con los problemas teóricos anteriores, pero a la que pudieran llamar sin sonrojarse demasiado, “economía”: así nació la escuela austríaca, que se pierde en especulaciones sobre la satisfacción de las personas en el intercambio comercial, y que así puede prescindir de la molestia de definir las particularidades de sociedades concretas. Puede postular que se ocupa de leyes naturales, insertas en la mente humana, que trascienden las épocas y los cambios de configuración social. Puede salirse de la historia (ver y ver). No es casualidad, entonces, que nuestro crítico lleve esa actitud hasta el paroxismo, elevando la utilidad a un principio que trasciende lo humano, y que se presenta en la naturaleza en general.

Claro que, si ante estos castillos de naipes oponemos la simple verdad de que en condiciones de reproducibilidad de las mercancías, la demanda, y por lo tanto, las utilidades mentales, no pueden alterar los precios… una persona seria no puede más que reírse, y hacer notar el carácter puramente ideológico de esta “economía”.

Otro punto que hay que destacar, es cómo el criterio de “no superación” de las teorías, parece no deber aplicarse cuando se trata del corpus neoclásico, que viene siendo emparchado coloridamente desde los primeros pasos de Menger y cía., pasando por los neoclásicos de la formalización matemática, la función de producción, la circularidad de las “preferencias reveladas” de Samuelson, la síntesis neoclásica-keynesiana… De hecho, no parece que ese “criterio epistemológico” sea aplicado a ninguna teoría… salvo que se trate de la tradición clásica de la economía política. Allí no es lícito avanzar. ¿Por qué?

Fijaos bien que Marx dijo, al contrario que muchos de otros estudioso de la Economía como Ricardo, no que fuera el trabajo (a secas) lo que le daba valor a las cosas sino “el trabajo abstracto socialmente necesario”. ¿Por qué dijo eso? Para no pillarse los dedos.”

Ah, la profundidad crítica… Ciertamente, la refutación de Chemazdamundi es muy poderosa, pero de todas maneras, hay algo en el mecanismo lógico que no termina de convencer. Por eso, vamos a explicar cuál es la razón de ser del concepto de tiempo de trabajo socialmente necesario, según el propio Marx, hecho lo cual, vamos a proponer que los intentos de invalidación del concepto se dirijan a la refutación de su causa lógica… por inaudito que suene un procedimiento tan arduo, sólo practicado por la absoluta totalidad de la ciencia moderna.

TTSN

Al empezar la lectura de El Capital, si no se presta mucha atención, uno puede recibir la impresión de estar ante un desarrollo puramente lógico, una serie de deducciones irreprochables, tal vez, pero que no generan suficiente convicción, por no quedar claro cuál es el anclaje real de los conceptos que se manejan.

Sin embargo, Marx lo explica en el capítulo primero:

“La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un “enorme cúmulo de mercancías”, y la mercancía individual como la forma elemental de esa riqueza. Nuestra investigación, por consiguiente, se inicia con el análisis de la mercancía.” (Marx 1984, t1: 43)

“A través del cúmulo de los diversos valores de uso o cuerpos de las mercancías se pone de manifiesto un conjunto de trabajos útiles igualmente disímiles, diferenciados por su tipo, género, familia, especie, variedad: una división social del trabajo. Ésta constituye una condición para la existencia misma de la producción de mercancías, si bien la producción de mercancías no es, a la inversa, condición para la existencia misma de la división social del trabajo. En la comunidad paleoíndica el trabajo está dividido socialmente, sin que por ello sus productos se transformen en mercancías. O bien, para poner un ejemplo más cercano: en todas las fábricas el trabajo está dividido sistemáticamente, pero esa división no se halla mediada por el hecho de que los obreros intercambien sus productos individuales. Sólo los productos de trabajos privados autónomos, recíprocamente independientes, se enfrentan entre sí como mercancías” (Marx 1984, t1: 52)

Las determinaciones y leyes del capitalismo no son sino emergentes de la particular forma que ha tomado la división del trabajo en esta sociedad (ver).

Para satisfacer las necesidades de consumo, toda sociedad necesita mecanismos de producción y distribución. Pero éstas pueden tomar distintas formas, de acuerdo a cómo estén configuradas las relaciones sociales.

En las formas precapitalistas, la reproducción material estaba mayormente garantizada dentro de los confines de unidades autosuficientes, vg. explotaciones campesinas, por lo que la necesidad de producir para el intercambio, era nula o mínima. Ergo, los productos se elaboraban por su utilidad concreta, su valor de uso, y no por su valor de cambio.

En algunas sociedades, el intercambio mercantil alcanzó un desarrollo apreciable, pero no fue hasta nuestros tiempos, que la gran masa de los productos fue sistemáticamente producida con un fin distinto al de aprovechar directamente su valor de uso.

La producción actual está atomizada en innumerables unidades autónomas, pero no autosuficientes. Cada una es apenas un eslabón de la cadena de producción social, se especializa en un producto, pero depende para ello, de su articulación con el resto del sistema. Es parte del metabolismo social, pero su producción no es directamente social. La contradicción, el hiato, entre el carácter privado y a la vez social del trabajo, sólo puede resolverse a través de una mediación: el lenguaje de los valores en el mercado.

Pero el mecanismo mercantil implica que todas las mercancías de un mismo tipo valen lo mismo. Cada una es un ejemplar medio de su tipo, y no revela en su corporeidad, cuánto tiempo de trabajo ha costado producirla. Simplemente vale lo que valgan sus pares. Este valor, entonces, no es regulado por cada productor individual, sino por el nivel de productividad más generalizado en la rama: el valor social se ajusta al valor “individual” de las empresas modales. Por lo tanto, la cantidad de tiempo de trabajo que la sociedad puede reconocer como necesario para producir esa mercancía, sólo puede ser el empleado por estas empresas.

El carácter social del valor sólo puede manifestarse indirectamente, pues, y es la forma en que debe operar el mecanismo mercantil, la que determina que no sea el tiempo de trabajo individual, sino el modal, el que se reconoce como socialmente necesario, y que por lo tanto, determina el valor. Tal es la causa lógica del concepto de tiempo de trabajo socialmente necesario, nada menos que la división del trabajo propia del capitalismo. Para refutarlo, entonces, hay que entender estas cosas… aunque Chema admita abiertamente que entender no tiene ninguna importancia:

Quiero que veáis clara una cuestión: da igual que se entienda o no lo que quiso decir Karl Marx con su concepto de “trabajo abstracto socialmente necesario”. De ahí lo que dije anteriormente sobre que no es necesario haber estudiado “duendeología” para saber que los duendes no existen. No es ni el “trabajo abstracto” ni el trabajo “socialmente necesario”, ni el “trabajo humano”, ni el “trabajo divino”, ni los trabajos de Hércules lo que está tras el valor de las cosas.”

Contrastabilidad

Hemos demostrado la necesariedad del carácter socialmente necesario del tiempo de trabajo. Desde esta explicación no debería ser difícil imaginarse cómo contrastar la determinación del valor por el TTSN. Simplemente se trata de comparar el nivel de los precios de largo plazo, con los tiempos de trabajo simple de las empresas modales. Si se comparan ramas con composiciones orgánicas desiguales, se toma en cuenta que una composición orgánica alta eleva los precios proporcionalmente, y viceversa. Desde Shaikh los economistas marxistas vienen produciendo este tipo de trabajos, con resultados de más del 90% de coincidencia entre TTSN y precios. Estoy hablando de la década del 70, por eso si Chema y sus amigos aún siguen esperando, les tengo una buena noticia: están medio siglo atrasados, tienen mucho material para satisfacer esa curiosidad que los aqueja:

Como todos podéis observar, es este concepto de “trabajo abstracto socialmente necesario”, que Marx deja relativamente vago y en el aire, sin desarrollarlo exhaustivamente, lo que más quebraderos de cabeza genera tanto a sus seguidores y a sus detractores: no lo sistematizó suficientemente. ¿Por qué? Una vez más, para no pillarse los dedos dejando claro qué es, según él, lo que hay detrás del valor de las cosas. Numerosos críticos del marxismo (especialmente los economistas más “matemáticos”) señalan y no sin acierto… que qué cojones es eso del trabajo socialmente necesario… en términos numéricos, de manera cuantitativa, para poder verlo más claro. Todavía estamos esperando”

Pueden empezar por consultar a Ferràndez Nieto 2010, marxista español. También véanse Ochoa 1989, Petrovic 1987 y Shaikh 1995.

Falsificaciones

La mayoría de los críticos del marxismo dicen entenderlo y basar sus refutaciones en el estudio riguroso. Aún en esos casos, incurren en equivocaciones y falsedades., así que, cómo sorprenderse cuando alguien que se enorgullece de no saber de lo que está hablando, falsifica una y otra vez la materia en discusión. Aquí mostraremos las falsificaciones sobre TTSN.

(1) “Marx definió el valor de un producto como “el trabajo abstracto socialmente necesario” incluido en la producción de ese producto.”

Falso. El trabajo incluido en un producto no determina el valor, como vimos arriba. Tampoco existe un concepto de TTSN “incluido” en el producto. Lo único que puede determinar el valor, dado el mecanismo mercantil, es el TTSN que rige para la reproducción de una mercancía, en tiempo presente. El esfuerzo pasado no cuenta para nada como generador de valor, sino que simplemente determina los costos de cada empresa.

(2) “Porque hasta un tonto se daría cuenta de que nadie valora algo sólo por el trabajo que haya costado hacerlo (como se dio cuenta Ricardo con el caso del vino)”

Dos falsedades. A un subjetivista le cuesta entender que la teoría del valor no es simplemente una versión alternativa de la teoría subjetiva: no propone que el precio esté determinado por la valoración subjetiva, no propone reemplazar la valoración subjetiva en utilidades, por otra valoración subjetiva en términos de trabajo. En ningún escrito de Marx puede encontrarse la idea de que el precio está determinado por la estimación de cuánto trabajo cuesta producir una mercancía. Por el contrario, el valor se establece mediante mecanismos objetivos, ajenos a la voluntad y a la conciencia de los hombres.

Del mismo modo, es un embuste el atribuirle a Ricardo una noción subjetivista del valor. Para Ricardo, el problema del vino añejo más caro que el vino nuevo, consistía en que no podía explicar porqué el precio del primero era mayor al del segundo, no que el consumidor “valoraba” más al primero que al segundo.

(3) “De hecho, Marx se vio incluso obligado a decir en la Crítica del programa de Gotha que:

El trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es la fuente de los valores de uso (¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material!), ni más ni menos que el trabajo, que no es más que la manifestación de una fuerza natural, de la fuerza de trabajo del hombre.”

¿Marx se vió obligado por quién? ¿Ante qué ataque demoledor? ¿Qué quieren decir las palabras de Marx? El crítico no lo dice. Pero esas palabras expresan el mismo concepto de El Capital:

“El trabajo, por tanto, no es la fuente única de los valores de uso que produce, de la riqueza material. El trabajo es el padre de ésta, como dice William Petty, y la tierra, su madre.

De la mercancía en cuanto objeto pasemos ahora al valor de la mercancía.” (p 53)

Valor de uso, valor de cambio, distinciones elementales que conoce quien haya leído aunque sea la primera página del libro… En las dos citas, Marx dice que todo producto, en tanto objeto, requiere del uso de materiales naturales. No hay más misterio aquí. El valor de uso está hecho de materiales naturales y trabajo concreto, no comparable ni cuantificable. El valor de cambio se abstrae de las particularidades propias del valor de uso. En lo que hace al valor de cambio, las citas anteriores no dicen nada.

(4) ¿Y la refutación de esa hipótesis (la falsedad del TTSN) se ha demostrado científicamente?

Sí.

Lo que la Ciencia ha ido demostrando a lo largo de años de experimentación y recomprobación es que la base del valor de las cosas (los bienes y servicios) depende de lo que nosotros creamos: de la utilidad que para nosotros como individuos tengan esos bienes y servicios.”

Después de tanto jaleo, llegamos a lo que debía ser la culminación del argumento, la refutación definitiva del TTSN… ¿y con qué nos encontramos? A la previa confesión de que no interesaba entender el concepto, ¡ahora se añade la admisión de que no se lo va a refutar tampoco! No se van a demostrar las incoherencias internas, lógicas, ni las externas, empíricas. Después de los alardes de erudición, se cierra el punto, pasando a otro tema.

Y se quiere presentar esta maniobra como una refutación. A lo que se reduce esta gambeta, es a decir que el TTSN no puede determinar el valor, porque “ya sabíamos” que al valor lo determina otra cosa. Claro, las dos explicaciones no pueden ser verdaderas al mismo tiempo, por lo tanto, si se cree que la valoración subjetiva es la explicación correcta, se puede suponer que la alternativa no lo es, y entonces no hace falta ni entenderla, ni refutarla directamente.

Es maravilloso, estoy seguro de que esta forma de hacer ciencia sería aprobada y aplaudida por los mejores epistemólogos.

(5) “Otra “cosilla” más. Mientras que la Teoría Laboral del Valor se ha utilizado para condenar el beneficio como explotación, la teoría subjetiva refuta eso aduciendo que, dado que lo que hay tras el valor de las cosas es la utilidad que nosotros le damos a éstas y no el trabajo (“socialmente necesario” o del tipo que sea), el que alguien (los “capitalistas”, según Marx) controle el trabajo (o incluso a los trabajadores) no implica por narices que controle, a su vez, el valor en la sociedad… ni que controle sistemática y totalmente a la sociedad.

porque el beneficio no le viene sólo de la “explotación “de sus trabajadores: le viene principalmente de lo que pueda venderle al comprador-consumidor. Y tiene que negociar con éste y con lo que éste considere valioso”

Ah, el corazón del asunto… el capitalismo sería la única sociedad histórica sin explotación sistemática. Pero aquí nos concentramos sólo en los errores de concepto respecto a la TLV.

En ningún lado dice Marx que los capitalistas controlen “el valor” o a la sociedad. ¿Qué significaría que “controlen el valor”? Los únicos que tienen tales ideas son los que creen que la economía está dominada por monopolios, una idea que es contraria a la de El Capital, y que fue difundida sobre todo por Lenin y luego por el tercer-mundismo y la corriente de la dependencia.

Muy por el contrario, para Marx el capitalismo es un sistema de cuya división del trabajo emergen leyes que no pueden ser controladas por los hombres: ni por los trabajadores, ni por los capitalistas. Si alguien dijera que la evolución biológica está “controlada” por los animales predadores, estaría diciendo un disparate tan grande como el de Chemazdamundi.

En una economía de precios variables… el capitalista o el que posea los medios de producción, no controla necesariamente el valor, como aseguraba Marx.”

¿En dónde aseguró eso? ¿La desvergüenza de esta gente tiene algún límite?

(6) “Los economistas se dieron cuenta de que la TLV era falsa porque se fijaron en que dados dos productos (bienes o servicios) en los que se hubiera empleado el mismo “trabajo socialmente necesario” para producirlos, no tenían por qué tener obligatoriamente ni el mismo valor para los individuos ni tienen el mismo precio si tienen alguna diferencia no debida al “trabajo socialmente necesario” entre ellos”

Cae en la bajeza de criticar a la teoría ricardiana, y hacer pasar eso como una crítica a Marx, diciendo TTSN como si fuera tiempo de trabajo a secas (ver). Críticos austríacos hacían lo mismo, pero usando a un tal Rodbertus como muñeco de paja. Son de la misma calaña.

Como hemos explicado en este y otros posts, en Marx el valor no es directamente proporcional al tiempo de trabajo incorporado. Ni siquiera en el tomo 1 es éste el supuesto, sino que es el TTSN, es decir el tiempo de trabajo que rige en la rama, el que es determinante. En el tomo 2 se amplía el concepto, incorporando la influencia que tienen las distintas composiciones orgánicas sobre el precio final, explicando de paso que el vino añejo es más caro que el nuevo, por tener una mayor composición orgánica en capital constante.

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Aquí cierro este post. Llega un momento en la vida de muchos debates, en que el polemista no puede maniobrar dentro de los términos de la discusión. Ve caer los cimientos de sus opiniones, sin poder reconstruirlos legítimamente. Al no poder avanzar ni admitir la derrota, se mueve de costado. Pasa de afirmar disparates en los que sólo cree a medias, a inventarse embustes en los que no cree en absoluto. Todo vale para algunos. Así se defiende la ideología.

BIBLIOGRAFÍA

Marx, Karl (1984): El Capital, Siglo XXI editores.

Nieto Ferràndez, Maximilià (2010): “Valores, precios de producción y precios de mercado
a partir de los datos de la economía española” http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=60115471004

Ochoa, E. (1989): “Values, proces and wage-profit curves in the US economy”, Cambridge
Journal of Economics, 13 (3).

Petrovic, P. (1987): “The deviation of production prices from labour values: some
methodology and empirical evidence”, Cambridge Journal of Economics, 11 (3).

Shaikh, A. (1995): “The empirical strength of the labor theory of value”, New School for
Social Research, Nueva York.

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Acerca de Ezequiel

Marxista.
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