Anexo sobre renta: J. I. Carrera textual 2017

Amplío aquí la respuesta a quienes niegan que J. I. Carrera entiende al valor en términos físicos, y esta vez cito pasajes de su último libro sobre renta, mayormente del capítulo 5.
Veremos que JIC se centra en “la materialidad del trabajo realmente gastado por la sociedad” y que intentará igualar al trabajo material total de la sociedad con el valor total, identidad con la que de hecho niega la posibilidad del trabajo potenciado (salvo como mera apariencia):


Consideremos la misma situación desde el punto de vista de la materialidad del trabajo gastado realmente por la sociedad. Desde este punto de vista, no hay de dónde sacar más riqueza social que aquella en la que se ha materializado el trabajo realmente gastado. Materialmente, el trabajo de productividad superior a la normal no cuenta por más de lo que es la magnitud de su propia materialidad. El que puso en acción la productividad superior a la normal se ha llevado, en el cambio, el producto de una cantidad material de trabajo abstracto mayor a la que efectivamente gastó al producir para los demás. A la inversa, éstos han gastado una cantidad material de trabajo abstracto superior a la encerrada en el producto que recibieron del primero. Lo que uno materialmente recibió de más. es lo que los otros materialmente recibieron de menos. Al organizarse el trabajo social de manera privada, los beneficios o los perjuicios ocasionados por los desvíos respecto de la norma social no recaen sobre el conjunto de la sociedad, sino de manera privada sobre quienes incurren en ellos.” (p 88, resaltado nuestro, aquí y en lo sucesivo)

“De modo que en ausencia de toda regulación directa, el precio comercial de la mercancía en cuestión, y no su valor social – ya que a éste lo sigue teniendo como una multiplicad de valores cuantitativamente distintos y no como un cuanto único – se va a regir por la normalidad de esta cantidad de trabajo. Lo cual implica que quienes han trabajado bajo condiciones naturales más favorables, van a recibir para su beneficio privado, bajo la apariencia de un contenido de valor, el producto de una cantidad de trabajo social mayor a la que ellos han materializado en el producto que aportan al consumo social. A la inversa, el resto de la sociedad va a tener que sacrificar ese trabajo social, que gastó, pero cuyo equivalente no va a poder consumir. Es la forma de privado con que se efectúa el trabajo social la que impone esta situación:


“Es la determinación por el valor comercial, tal como se impone a base del régimen capitalista de producción por medio de la competencia , que crea un falso valor social. Esto es obra de la ley del valor comercial, al que están sometidos los productos agrícolas. La determinación del valor comercial de los productos, entre los que figuran también , por tanto, los productos agrícolas, es un acto social, aunque se opere socialmente de un modo inconsciente y no intencional, acto que se basa necesariamente en el valor de cambio del producto, no en la tierra y en la diferencia de fertilidad de ésta. Si nos imaginamos la sociedad despojada de su forma capitalista y organizada como una asociación consciente y sujeta a un plan (…) (e)sta sociedad no compraría , por tanto , ese producto agrícola por dos y media veces más de trabajo real del que en él se encierra (…). La identidad del precio comercial tratándose de mercancías de la misma clase es el modo como se impone el carácter social del valor a base del régimen capitalista de producción y, en general, de la producción basada en el cambio de mercancías entre individuos
.”” (pp 90-91)

“El aumento de la productividad del trabajo que pone en acción el capital individual que incorporó la innovación técnica, lleva al valor individual de su mercancía por debajo del valor social. Como las mercancías se venden a éste, la diferencia entre ambos valores constituye una plusvalía extraordinaria que apropia el capitalista innovador. Pero, con la jornada de trabajo dada, la mayor productividad resulta en una mayor masa de mercancías lanzada a la circulación por el capitalista innovador, lo cual, a su vez, se refleja en la multiplicación de la masa total producida por la rama. Esta masa ampliada requiere de una necesidad social solvente correspondientemente ampliada que la absorba. Y esta ampliación de la necesidad social solvente tiene por condición la disminución del precio de venta. En consecuencia, la plusvalía extraordinaria no surge simplemente de vender al valor social vigente, superior al individual; surge de vender por debajo de ese valor social, a condición de hacerlo por encima del valor” (p91)


En este último pasaje y en las páginas que le siguen, JIC desarrolla un ejemplo hipotético en el que la plusvalía extraordinaria apropiada por una empresa se ve matemáticamente compensada por plusvalía perdida por otra, dados ciertos supuestos heroicos.
Con el equilibrio matemático se nos quiere persuadir de que estamos ante una ley férrea, inatacable, que no requiere mayor demostración.
Sin embargo, en cuanto se cambian aquellos supuestos por otros (ver aquí), el ejemplo se anula y pierde toda su fuerza persuasiva, con lo que se impone enfrentar la cuestión con algo más que impresionismo: necesitamos una demostración. Se necesita una explicación teórica de por qué y cómo y en qué forma social el tiempo de trabajo se coagularía en valor antes de su realización mercantil, coagulación previa que sería el requisito indispensable para que la materialidad del trabajo sobre la que insiste JIC pueda viajar portando el índice exacto de su magnitud, y de ese modo, si no resulta reconocido en su totalidad en el cambio, esa diferencia con existencia propia contante y sonante pueda ser transferida de algún modo, distribuida dentro de la rama o hacia otras ramas, desde las unidades menos productivas a las más productivas.
Como JIC no cobra conciencia o no puede admitir lo insuficiente de su ejemplo como sustituto de una explicación, esa instancia de coagulación social que debería explicar NO EXISTE EN SU OBRA.
Y en este estado de argumentación pre-teórico se llega entonces a afirmar que en efecto, el valor total en la sociedad es igual a la cantidad total de trabajo material:



“Tenemos que, mientras el capital que incorporó la innovación logra que se le reconozca como socialmente necesaria una cantidad de trabajo abstracto mayor a la efectivamente materializada en su mercancía, los restantes capitalistas de su rama se encuentran en la situación inversa. Veamos en qué proporción la plusvalía extraordinaria del primero se corresponde con la pérdida de plusvalía de los segundos. Tomemos un ejemplo numérico simple.” (p 93)
Nuevamente, lo que ganan unos como plusvalía extraordinaria es lo que pierden otros por no poder realizar integramente la plusvalía que han extraído a sus obreros.” (p 95)
“También aquí, lo que unos capitales apropian como plusvalía extraordinaria -sea por haber incorporado una productividad del trabajo superior a la normal en su rama, sea por encontrarse en otras ramas con una demanda multiplicada por sus mercancías gracias al abaratamiento originado por dicha incorporación en la rama ajena – es la plusvalía que otros capitales han extraído a sus obreros pero que el surgimiento de la innovación les impide realizar.” (p 96)


Por si quedaban dudas:


“Recapitulemos. El hecho de poner en acción una productividad del trabajo superior a la que determina el valor social de su mercancía no le da al capital innovador la capacidad para extraer de sus obreros más trabajo abstracto excedente, más plustrabajo abstracto. Dada la duración de la jornada de trabajo, la única diferencia desde el punto de vista material reside en que la misma masa de trabajo abstracto se ha distribuido en una masa mayor de unidades del valor de uso en cuestión. Pero la relación social que rige la puesta en marcha privada de esta misma porción del trabajo social se encuentra materializada en esa mayor masa de unidades producidas. Y aquí el trabajo abstracto no cuenta simplemente por su materialidad sino por su determinación como socialmente necesario en el sentido de su normalidad. La cantidad de trabajo abstracto efectivamente materializado en cada unidad, que gracias a la mayor productividad es menor que la normal, se manifiesta, entonces, representada como una magnitud de valor que corresponde a una mayor cantidad de trabajo abstracto socialmente necesario. Bajo la forma del valor social ubicado por encima del individual, el capitalista innovador aparece detentando un título sobre el producto del gasto material de trabajo social mayor al que efectivamente le ha hecho gastar a sus obreros de manera privada e independiente. Su capital no ha aportado trabajo abstracto adicional a la producción social, pero participa en el establecimiento indirecto de la unidad entre la producción y el consumo sociales como si lo hubiera hecho. La productividad de sus obreros por encima de la normal le da la potestad de participar en una mayor proporción del producto del plustrabajo rendido materialmente, no por esos mismos obreros, sino por los obreros que trabajan para otros capitalistas.” (pp 96-97)


Con lo que se puede insistir en que la renta sólo puede ser una transferencia de valor:


“En el punto respectivo hemos desarrollado cómo la renta diferencial surge en el proceso de circulación, en razón de que la satisfacción de la necesidad social solvente impone como precio comercial normal al precio de producción correspondiente a la porción de capital agrario que -dados los condicionamientos naturales diferenciales no controlables – pone en acción la menor productividad del trabajo compatible con dicha satisfacción. Este hecho es ajeno al proceso de producción mismo, y como tal no tiene modo de alterar la masa de plusvalía producida por los obreros agrarios que trabajan sobre condicionamientos naturales más favorables” (p175)

Bibliografía

Carrera, Juan Iñigo (2017): “La renta de la tierra. Formas, fuentes y apropiación” Imago Mundi 1era edición

Acerca de Ezequiel

Marxista.
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6 respuestas a Anexo sobre renta: J. I. Carrera textual 2017

  1. Noxelor dijo:

    https://alvaroromaniega.files.wordpress.com/2020/11/criticatvt-1.pdf le podeis ehcar un ojo a este articulo criticando la TVT? es lo mas decente que vi en mucho tiempo

    • Ezequiel dijo:

      Lo estoy leyendo y por lo pronto veo que la estrategia argumentativa es abstraerse de la realidad para plantear en un mundo indeterminado hipotético, que ciertas proposiciones no tendrían porqué ser necesarias… de ese modo intenta negar que el intercambio implique igualdad alguna, y por supuesto, es posible imaginarse, y hay contextos históricos en que esto ha sucedido, como con el intercambio de regalos y mil etcéteras, ha sucedido un intercambio de carácter distinto al que caracteriza a la regularidad del modo de producción capitalista, un intercambio irregular que no podía (ni puede hoy en nichos contemporáneos) entonces fijar ratios fijos de intercambio, que es el hecho histórico y económico que nos lleva a emprender la búsqueda del determinante de ese ratio.
      En definitiva no se trata más que del intento mil veces repetido por los liberales, de escapar a un análisis desde la realidad del mercado y sus regularidades, y en cambio refugiarse en su cueva axiomática, desde la cual creen poder explicar (o mejor, justificar) al mundo a partir de proposiciones especulativas incontrastables.
      Así Romaniega advierte contra el peligro de argumentar sin formalizar. La advertencia que le cabría a él y a los suyos es la del peligro de atreverse a argumentar sin molestarse en examinar la materia sobre la que opinan, que es lo que debería hacer cualquier científico, a diferencia de un mero escolástico o teólogo.
      Seguiré leyendo los siguientes puntos, por si vale la pena comentar algo más, no sé si hay alguna cuestión que le resultara más interesante del texto.

      • Ezequiel dijo:

        Agrego brevemente: una falacia evidente de Romaniega es escribir que las igualdades del tipo 1A=2B no implican la existencia de un “igualador” o de igualdad alguna. Pero entonces el signo “=” qué significa? Parece una estupidez aclarar esto, pero a este nivel hay que caer.
        Recuerdo que Marx parte de igualdades que no brotan de su mente sino de la realidad del mercado. Las mercancías mantienen relaciones de cambio cuantitativas entre sí, y para eso necesitan representar una sustancia cuantificable. Para negar esto, y por lo tanto, la igualación, sería preciso negar con estadísticas la estabilidad a largo plazo de las relaciones de cambio.
        Romaniega quiere hacer de cuenta que la igualación es un mero supuesto a demostrar con una formulación de lógica formal, y entonces podrá hacer su juego escolástico. Pero la igualación es un punto de partida empírico, sin el cual no habría existido nunca el capitalismo ni la economía política.

      • Noxelor dijo:

        https://alvaroromaniega.wordpress.com/2020/11/22/analisis-teorico-de-la-teoria-marxista-del-valor-critica-a-karl-marx-y-ernest-mandel/ el autor del articulo ha pedido que si puedes comentes tus criticas en su blog, gracias por responder por cierto

      • Ezequiel dijo:

        Veo que ya le han criticado lo mismo y no hace más que repetir sus fórmulas. No creo que sea capaz de entender lo que se le dice. De todos modos, tiene todo el derecho a intentar responder lo que he escrito aquí.

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