Anexo sobre renta

Un tiempo después de publicar este artículo sobre la teoría de la renta, me decía alguien que J. I. Carrera no parte de una visión fisicalista del valor para armar su teoría de la renta. Así que releí el texto (“Renta agraria, ganancia del capital y tipo de cambio: respuesta a Astarita”), y tengo que reafirmar mi opinión inicial.

Resumo la cuestión, y muestro algunas citas:

JIC trata de argumentar en favor de una teoría de la renta concebida desde la idea del sobreprecio por encima de un “valor-como-debería-ser”, en lugar que desde una forma de funcionamiento de la teoría del valor.
Dice que en el precio se está pagando un falso valor social, por la particularidad del agro de ver establecido el precio según los costos de la tierra peor, en lugar de por algún promedio o por la productividad dominante, como ocurre en otros sectores.
Por supuesto, semejante fenómeno aumenta la ganancia de quienes explotan las tierras mejores, más productivas, con lo que el esfuerzo social y lo redituado no van de la mano. A esto Marx lo llama “falso valor social” en sus capítulos sobre renta.
Pero este fenómeno no es exclusivo del agro, como supone JIC, sino que es inherente a todo el sistema capitalista. Por un lado tenemos el ejemplo más obvio de una manufactura que utiliza una fuerza natural no reproducible (que es, sugestivamente, el caso con el que se empieza a explicar la renta en El Capital), que le da una ventaja permanente en productividad, y por el otro, el caso de una empresa que por tecnología se vuelve más productiva y produce a costos menores que la media, obteniendo sin embargo (y por eso) una ganancia superior. En este caso también el esfuerzo social menor es redituado desproporcionadamente, sin que suela entenderse que se trata de un “falso valor social”.
Sin embargo sí lo es, en el sentido antedicho, que es el que usa Marx, de un valor que debe ser reconocido como tal en esta sociedad, pero que no lo sería en otra sociedad, guiada por otras lógicas.
Entonces la particularidad de los sectores primarios y algunas manufacturas, es que la ventaja que aprovechan ciertos propietarios/empresarios es permanente, al menos dentro de un período, mientras que en otros sectores las empresas con ventajas pueden verla reducida o suprimida, al tiempo que otras pasan a la vanguardia. Pero siempre con algunas empresas aprovechando una situación especial, de ganancia extraordinaria, de falso valor social, a la par de un normal funcionamiento de las lógicas del valor en el sistema capitalista.
Por lo anterior, si todos los sectores presentan el fenómeno del falso valor social, del precio no proporcional a los costos (y ni siquiera nos metimos en los mecanismos de la igualación de la tasa de ganancia) se ve que no vale la pena, ni tiene lógica, hacer del caso del agro una especie de succionador especial de valor. De hecho, si así fuera, también deberíamos concederle a la corriente dependentista, que las empresas del primer mundo más productivas por ventaja tecnológica, son a su vez succionadoras de valor, en vez de ser simplemente productoras potenciadas de valor, valor tal como lo es en este sistema, con todas sus mediaciones y complejidades.

Citas:

“Astarita cree que la apropiación de una plusvalía extraordinaria por vender a un precio comercial que se encuentra por encima del valor individual, y por lo tanto, la capacidad para disponer de una mayor porción del producto del trabajo social del que efectivamente se ha aportado individualmente a éste, se alimenta del aire. Lo que uno apropia de manera extraordinaria al vender a un precio que se ubica por sobre el valor individual de su mercancía, es lo que el comprador de la misma pone del trabajo social que él ha entregado en cambio”

“El valor de una mercancía es la cantidad de trabajo abstracto socialmente necesario que se gastó de manera privada e independiente para producirla. La plusvalía es la cantidad de trabajo abstracto socialmente necesario gastado por el obrero asalariado para producir la mercancía, por encima del necesario para reproducir su fuerza de trabajo. Supongamos que el obrero que pone en producción una determinada tierra gasta 100 horas en producir 100 toneladas de soja, y que el valor producido en cada hora de trabajo se expresa en 1 onza de oro (ya que ese es también el tiempo socialmente necesario para producirla); supongamos que la tasa de plusvalía es del 100%, de modo que el valor de la fuerza de trabajo aplicada es de 50 onzas de oro y la plusvalía de otro tanto. Pero supongamos que nuestro capitalista productor de soja se encuentra con que la soja se vende a 2 onzas de oro la tonelada, porque en la peor tierra que es necesario poner en producción para satisfacer el consumo social se requieren 200 horas para producir las 100 toneladas. Luego, cuando lleva sus 100 toneladas al mercado, obtiene por ellas 200 onzas de oro. Le paga al obrero sus 50 y se queda con 150. Es decir se queda con la capacidad para disponer del producto de 150 horas de trabajo abstracto socialmente necesario realizado de manera privada e independiente. Salvo que apelemos a una multiplicación milagrosa del tipo de la de los panes y los peces, esta masa de valor tiene que ser el producto de un trabajo socialmente necesario realizado por alguien que no recibe contrapartida por él. ¿Puede ser ese alguien el obrero del capitalista agrario? Ya sabemos que lo es por el valor correspondiente a sus 50 horas de trabajo impago, pero no hay forma de que esas 50 se hayan convertido materialmente en 150. De modo que no es plusvalía extraída a él la materializada en las 100 onzas de oro adicionales. ¿Del trabajo impago de quién vienen entonces?”

“Desde el punto de vista del conjunto del capital de la sociedad, la renta diferencial constituye un «falso valor social» [Nota al pie: Marx, Carlos, op. cit., p. 614], ya que la misma no encierra contenido alguno de trabajo socialmente necesario gastado privadamente para producir las mercancías agrarias. Pero debe pagarla a los terratenientes con la parte del valor social realmente producido por el trabajo que el conjunto de los obreros productivos ejecuta por encima del requerido para su propia reproducción como fuerza de trabajo para el capital. Esto es, el capital total de la sociedad paga el falso valor social constituido por la renta diferencial a expensas del valor real extraído gratuitamente a sus obreros, o sea, a expensas de su plusvalía.”

“En cuyo caso, el flujo genérico de la plusvalía convertida en renta diferencial de la tierra toma la forma concreta de un flujo internacional por el cual el ámbito nacional donde se concentra el capital industrial en general pierde el control directo sobre el curso de una porción de la plusvalía producida en él.”

Renta agraria, ganancia del capital y tipo de cambio: respuesta a Astarita” pp 2 a 4

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A esta crítica se me ha objetado que las explicaciones generales de la teoría del valor de JIC, sí siguen lineamientos no fisicalistas, a partir de este texto.
Sin embargo, aunque eso pueda parecer a simple vista, de hecho allí vuelve a afirmar su concepción de que el tiempo de trabajo pasado constituye valor: “el valor de las mercancías es el trabajo abstracto socialmente necesario realizado de manera privada e independiente que se ha gastado para producirlas -o sea, materializado en ellas-…” (p35), en lugar de ser valor el tiempo de trabajo socialmente necesario requerido para reproducir las mercancías en el presente, sin importar cuánto tiempo se gastó o se materializó en el valor de uso.

Pero más importante que las citas es sin embargo la lógica subyacente a la idea de JIC sobre la renta. Al pasar por alto enteramente la noción de trabajo potenciado, su interpretación necesita que el valor exista antes de su realización, de modo de poder ser transferido, en virtud de un sobreprecio, desde otros sectores hacia el agro.

En una próxima entrada voy a copiar los argumentos del tomo 3 en las que Marx explica a la renta como forma de ganancia extraordinaria, bajo el supuesto de la venta de las mercancías agrarias a su valor, no por encima de su valor.

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Acerca de Ezequiel

Marxista.
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