La economía de pensar en nada: la rebelión de la curva de demanda

La economía de pensar en nada: la rebelión de la curva de demanda

 

La teoría neoclásica afirma que los precios y la cantidad de bienes son determinados simultáneamente por la intersección en un punto único de dos curvas independientes, la de oferta y la de demanda. Para sostener la independencia de las curvas y el carácter único del punto de intersección, deben recurrir a supuestos heroicos de los que depende toda la teología neoclásica, su teoría de los precios, y también su apología smithiana del capitalismo, basada en la idea de que el mayor bienestar social se deriva de la suma de los bienestares individuales de sujetos maximizadores de utilidad.

De hecho, los cimientos neoclásicos han sido refutados tempranamente, no sólo por críticos heterodoxos, sino también por economistas ortodoxos, aunque tales aportes en particular no aparecen en los manuales de economía. En este artículo seguimos la crítica de Steve Keen, economista heterodoxo.

Tótem de los economistas

La falla de la apología smithiana lleva al derrumbe de la curva de demanda

El intento por encontrar una demostración a la idea de que el máximo de bienestar social podía derivarse de la suma de utilidades individuales maximizadas en el intercambio (cosa que permitiría rechazar toda intervención sobre el mercado, ya fuera sindical o estatal), requería encontrar una medida común que habilitara la comparación y cuantificación de las utilidades subjetivas de todos los individuos, para luego sumarlas.

El obstáculo bastante evidente que iba a interponerse en el camino de los economistas, fue el hecho de que la satisfacción personal, por su carácter subjetivo, es única en cada persona, y aún si no fuera imposible medirla en cada uno de nosotros, no hay manera de sumar los sentimientos de una persona a los sentimientos de otra. Más aún, no podía afirmarse que la satisfacción de dos personas distintas con ingresos distintos, pudiera ser la misma ante el consumo de una mercancía determinada. Para solventar estos inconvenientes, se iba a requerir de una serie de esfuerzos cerebrales que parten de la teoría de los precios y desembocan en la propuesta final de Samuelson al problema de agregación de utilidades.

La falla de la trayectoria de la curva de demanda: el modelo neoclásico propone que en condiciones de competencia, la oferta y la demanda se igualan al nivel del precio de equilibrio, que debe ser un punto único, ideal, en el que se maximizan las utilidades del consumidor y del vendedor. Para que se cumpla la intersección perfecta del modelo, se necesita que la trayectoria de la curva de demanda sea siempre descendente ante precios constantes o crecientes (y ascendente ante precios en baja), y que la trayectoria de la curva de oferta sea siempre ascendente, subiendo el costo a medida que aumenta la producción. Si por el contrario, la curva de demanda fluctuara caprichosamente hacia arriba y abajo, entonces podría intersectarse en más de un lugar con la curva de oferta, y no habría modo de justificar un precio de equilibrio maximizador de utilidades. El problema es que es justamente este tipo de comportamiento rebelde el que de hecho se verifica en la realidad:

Si partimos del universo neoclásico, con un consumidor y una mercancía, entonces, ante la baja del precio de una mercancía, inmediatamente aumenta el ingreso del consumidor, porque no tiene que gastar tanto en ese consumo. Entonces se le presenta la opción de qué consumir, y los neoclásicos suponen que va a adquirir más unidades del bien que ha bajado de precio, siguiendo la “norma” de que a menor precio, mayor consumo. Si existe una sola mercancía, en efecto no hay muchas opciones, si el consumidor no puede hartarse (supuesto heroico), entonces consumirá más. Esta relación inversa entre precio y consumo para una mercancía individual es conocida como el “efecto sustitución”.

Pero si escapamos de esa constricción, y aceptamos que hay múltiples mercancías, el modelo se rompe, en la medida en que el comportamiento del consumidor se diversifica. Lo que ocurre es el llamado “efecto ingreso”, que consiste simplemente en que la caída del precio de una mercancía, y el aumento consiguiente del ingreso “liberado”, pueden ser aprovechados por el consumidor de modos diversos, con lo que puede elegir no comprar mas unidades del bien devaluado, e incluso comprar menos, si es que ese ahorro le sirve para comprar alguna otra mercancía que prefiera más.

Entonces este efecto ingreso arruina la trayectoria descendente de la curva de demanda, y por ende invalida el punto único de equilibrio. Por lo tanto, el neoclásico tiene que encontrar una manera de marginar el efecto ingreso, para quedarse sólo con el efecto sustitución, con el que podría seguir dibujando el tótem de las curvas.

Tal fue la tarea de Hicks, quien logró aislar imaginariamente el efecto deseado con su “curva compensada” (se trata de acrobacias con las curvas de indiferencia que no agregan nada al asunto). Esta maniobra busca que los cambios de precios no alteren directamente el ingreso (para no sufrir el molesto efecto ingreso). Lamentablemente, esto no evita que en el instante en que se pasa del modelo de un solo consumidor con dos mercancías, al modelo de dos consumidores con dos mercancías, esa condición aislante se rompa. Sucede que si cada uno de los dos consumidores es al mismo tiempo productor de una y solo una de las dos mercancías, entonces, al subir el precio de una mercancía, aumenta el ingreso del sujeto que la vende, y disminuye el del comprador, etc.

Conviene recordar que ninguno de estos efectos es observable por sí mismo, siempre estamos hablando de construcciones especulativas. Sólo puede observarse el comportamiento de consumidores cambiando sus opciones con los cambios de precios y de ingreso…

Por añadidura, si aceptáramos el supuesto heroico sobre la otra curva, la de oferta, que establece que el precio aumenta en relación directa con el aumento de la cantidad (por gracia de la productividad marginal decreciente), entonces el consumo de cada unidad extra de un bien, hará subir el precio progresivamente, lo que a su vez tiene efectos distributivos, si trabajamos con más de un consumidor…

Por todo lo anterior, aún en base a los propios supuestos neoclásicos, la teoría se dobla sobre sí misma y se autodestruye, desde el instante en que se intenta un desarrollo lógico mínimo y se intenta el primer paso de agregación. La curva de demanda puede tomar virtualmente cualquier forma (Gorman 1953), y en particular no guarda relación alguna con la “Ley de Demanda”. Esto es conocido como las “condiciones Sonnenschein-Mantel-Debreu [SMD]”.

Pero aún a pesar de todo lo visto hasta ahora, no puede suponerse que obstáculos tan banales pudieran detener la empresa neoclásica. Para resolver este problema de agregación, la respuesta que encontraron los economistas, fue el añadir dos supuestos: (a) primero, que todas las personas son iguales (tienen los mismos gustos), y (b) segundo, que los gustos no cambian a medida que cambia el ingreso, (en lenguaje neoclásico, se expresa como (a) las curvas Engel de todos los consumidores son paralelas –y pasan por el mismo punto, por lo que son la misma línea-, y (b) todas las curvas Engel son líneas rectas).

Entonces, lo único que se necesitó para pasar del caso individual a la agregación social, fue la suposición (a) de que no hay muchos individuos, sino uno solo… y (b) que no hay muchas mercancías, sino una sola (la única manera de que no varíen las elecciones con un cambio de ingresos)… Así, suponiendo que las utilidades subjetivas fueran algo cuantificable, no nos queda ningún problema para sumarlas entre individuos: las hemos convertido en entes inmutables que pueden sumarse y restarse como las cuentas del ábaco, y hemos rescatado la trayectoria descendente de la curva de demanda… lo que nos permite seguir afirmando que existe un punto de equilibrio que determina los precios y al mismo tiempo maximiza las utilidades de todos los individuos y por lo tanto de la sociedad. Eureka!

Como se ve, el método usado para lograr la agregación social de utilidades individuales, sólo puede construirse con supuestos que además de ser irrealistas, niegan por sí mismos que se haya realizado agregación social alguna. Esto de hecho niega (prueba por contradicción) que pueda sostenerse la apologética smithiana.

Otra consecuencia de esta fallida agregación, es que tampoco puede sostenerse que la curva de demanda deba tener la forma descendente que le adjudican los economistas. Recordemos brevemente sus ideas sobre lo que pasa en la cabeza del consumidor: como la satisfacción derivada de consumir una unidad más de un bien, disminuye progresivamente, entonces su demanda de dicho bien debe decaer, lo cual se grafica con una curva descendente, cuyo destino será encontrarse con la curva ascendente de oferta, en algún punto. De esa intersección se derivan tanto el precio como la cantidad de dicho bien. Enfatizamos que este es un modelo sobre el individuo.

Muy bien, el hecho es que si el caso individual no puede agregarse, ni puede representar el comportamiento general, entonces todos los postulados sobre sí, son irrelevantes, quedan reducidos al campo de la especulación y las ensoñaciones. Esto significa que la curva descendente individual de demanda, no puede justificarse como sustento para la curva general de demanda. En efecto, queda descartada la necesidad de una curva general de demanda descendente, y muy por el contrario, si nos atenemos a supuestos realistas, con muchos individuos distintos y muchas mercancías distintas, y variaciones en los ingresos, entonces la curva de demanda puede tener cualquier forma, con oscilaciones e incluso con subas de demanda al mismo tiempo que suben los precios.

Ergo, la curva de demanda no puede ser el co-determinante de los precios, y la teoría de los precios neoclásica queda reducida a nada.

Digresión sobre los economistas y la academia

Este problema de agregación, y la consecuente necesidad de incluir supuestos heroicos, fue descubierta en primera instancia por Gorman 1953, quien estaba tratando de probar la teoría neoclásica, no de refutarla. Por lo tanto, afirmó que tales supuestos eran “razonables intuitivamente”, no se preocupó en dar la alarma, y el estado de la academia continuó sin novedades… luego fue redescubierto el problema y en honor a tres economistas también neoclásicos, fue bautizado como las “condiciones SMD”:

The importance of the above results is clear: strong restrictions are needed in order to justify the hypothesis that a market demand function has the characteristics of a consumer demand function. Only in special cases can an economy be expected to act as an ‘idealized consumer.’ The utility hypothesis tells us nothing about market demand unless it is augmented by additional requirements. [La importancia de los resultados mencionados arriba, es clara: se necesitan fuertes restricciones para justificar la hipótesis de que una función de demanda de mercado tiene las mismas características que una función de demanda individual. Sólo en casos especiales puede esperarse que una economía se comporte como un “consumidor idealizado”. La hipótesis de la utilidad no nos dice nada sobre la demanda de mercado, a menos que se agreguen supuestos adicionales.] (Shafer and Sonnenschein 1993)

Tampoco pudo hacer mella en la academia, ya que los manuales se mantuvieron en la ortodoxia. De los manuales avanzados, Varian repitió básicamente la posición apologética de Gorman, mientras que Mas-Colell reconoció las dificultades, sólo para afirmar que podrían ser resueltas si agregamos otro supuesto, a saber: que el libre mercado garantiza el máximo de bienestar social, siempre y cuando una autoridad central benevolente se ocupe de redistribuir los ingresos antes del momento del intercambio, de modo de maximizar el bienestar social… ¡Por supuesto! Todo lo cual no le impide seguir fomentando la construcción de modelos macroeconómicos con la función de utilidad “a lo Gorman”.

El panorama se empobrece aún más en los manuales básicos, con los que se trabaja en las carreras de Economía y afines. Samuelson simplemente niega cualquier problema de agregación, a pesar de conocer el problema de Gorman. En 1956 había propuesto una solución, y es difícil saber en qué medida la creyó adecuada. Su propuesta fue suponer (¡oh sorpresa!) que la dificultad de agregar individuos puede resolverse si cada familia se considera como un individuo (abstrayendo las diferencias individuales en pos de una supuesta utilidad social única familiar), y agregando que el mismo paso lógico puede darse desde el individuo a la sociedad, considerada como una gran familia… El caso es que en su manual estos problemas no se exponen. En Mankiw y otros textos básicos también se ignora el problema.

Refutación empírica y consideraciones finales

Desde el inicio del Imaginarium del Doctor Menger, la teoría subjetiva no se apoyó en hecho alguno, lo que permitió que sobreviviera y prosperara en la forma de formulaciones puramente académicas, que no podían sufrir el desgaste de la contrastación. Las famosas utilidades no se dejaban agarrar por ningún lado, pero todos suponían que estaban ahí. Sin embargo, esta invisibilidad podía volverse incómoda. Finalmente Samuelson encontró una forma de prescindir de estos fundamentos (aunque los siguió enseñando como verdaderos en sus manuales), e intentó construir una teoría del comportamiento del consumidor, que bastara para construir las curvas y los tótems. Se trata de los axiomas de la preferencia revelada, que hemos comentado en otro lado, y que definen a un consumidor racional, ante la elección entre conjuntos de mercancías. Las reglas son:

Completitud: un consumidor siempre puede elegir cuál de dos conjuntos de mercancías prefiere, o si es indiferente.

Transitividad: si se prefiere un conjunto (a) a uno (b), y uno (b) al (c), entonces siempre deberá preferir (c) a (a).

No saciabilidad o monotonía: ante dos opciones iguales, siempre se prefiere aquella a la que se añada una unidad más de cualquier cosa.

Convexidad: ante dos conjuntos muy diferentes “extremas” de mercancías, el consumidor debería preferir una tercera combinación distinta, compuesta libremente a partir de ambas.

Aquí esto no nos interesa en sí mismo (de hecho puede extenderse el número de supuestos), sino hacer notar que en los años noventa, estos principios fueron puestos a prueba por un economista llamado Sippel, y el resultado fue devastador para los axiomas: o todos los consumidores son irracionales, o el comportamiento real de los consumidores sí es racional, pero de forma ni remotamente parecida a las ideas de Samuelson. Sippel repitió los experimentos de diversas maneras, pero finalmente llegó a las conclusiones que dictaban los hechos, y hay que señalarle el mérito de haberlo reconocido abiertamente:

We conclude that the evidence for the utility maximization hypothesis is at best mixed. While there are subjects who appear to be optimizing, the majority of them do not. The high power of our test might explain why our conclusions differ from those of other studies where optimizing behavior was found to be an almost universal principle applying to humans and non-humans as well. In contrast to this, we would like to stress the diversity of individual behavior and call the universality of the maximizing principle into question.

We find a considerable number of violations of the revealed preference axioms, which contradicts the neoclassical theory of the consumer maximizing utility subject to a given budget constraint. We should therefore pay closer attention to the limits of this theory as a description of how people actually behave, i.e. as a positive theory of consumer behavior. Recognizing these limits, we economists should perhaps be a little more modest in our ‘imperialist ambitions’ of explaining non-market behavior by economic principles. [Concluimos que la evidencia a favor de la hipótesis de la maximización de utilidades, es a lo sumo, dudosa. Mientras que algunos sujetos parecen estar optimizando, la mayoría de ellos no lo hace. Puede ser la elevada potencia de nuestra prueba, la que explique porqué nuestras conclusiones difieren de aquellas en las que el comportamiento optimizador fue encontrado de forma casi universal, tanto entre humanos como entre no humanos. A diferencia de tales resultados, querríamos enfatizar la diversidad del comportamiento individual, y cuestionar la universalidad del principio maximizador.

Encontramos un considerable número de violaciones a los axiomas de la preferencia revelada, que contradicen la teoría neoclásica del consumidor maximizador de utilidad, sujeto a un presupuesto dado. Por lo tanto, deberíamos prestar mayor atención a los límites de esta teoría como descripción del comportamiento real de las personas, v.g. como teoría positiva del comportamiento del consumidor. En el reconocimiento de estos límites, los economistas deberíamos acaso ser un poco más modestos en nuestras “ambiciones imperialistas” respecto a la explicación del comportamiento no mercantil mediante principios mercantiles.] (Sippel 1997: 1442–3)

La principal causa de esta nueva falla neoclásica, reside en que el axioma de completitud requiere que en la cabeza de cada consumidor se contengan y se ordenen de miles a millones de combinaciones, y que ese orden no sea violado en las elecciones reales. Si esto no puede cumplirse, los otros axiomas también pierden sentido. Uno se pregunta en cuántos manuales neoclásicos aparecen estas problemáticas.

Como queda ilustrado con la siguiente cita del libro de Keen (cap. 3), estos fracasos neoclásicos pueden haber servido, al menos, para hacer evidente, tras un estúpido rodeo, la necesidad de que el análisis económico se haga en términos de clase, al estilo de Smith, Ricardo y Marx:

If we are to progress further we may well be forced to theories in terms of groups who have collectively coherent behavior. Thus demand and expenditure functions if they are to be set against reality must be defined at some reasonably high level of aggregation. The idea that we should start at the level of the isolated individual is one which we may well have to abandon. [Si hemos de progresar, posiblemente nos veamos impelidos hacia teorías en términos de grupos con comportamientos colectivos coherentes. Por lo tanto, para que las funciones de demanda y de gasto puedan compararse con la realidad, deben ser definidas a un nivel razonablemente alto de agregación. Puede que tengamos que abandonar la idea de que debe empezarse al nivel del individuo aislado.] (Kirman 1989: 138)

Éste es el panorama de la educación académica en economía. Sin haber mostrado más que un solo problema teórico, vemos el nivel de autismo y de ausencia de pensamiento científico con el que opera una disciplina que sólo puede ser comparada con la teología. No es sorprendente entonces, que en las discusiones teóricas, las personas entrenadas en esta doctrina tengan tantas dificultades para ejercitar el pensamiento. Tampoco sorprende que los intentos de atacar otras teorías rivales, se reduzcan usualmente a la simple repetición de los principios neoclásicos de manual. Tal cosa es lo que se ha intentado, por caso, en el artículo al que hemos respondido en anteriores posts (éste y siguientes). Se ha intentado afirmar que la TLV no es válida porque nada relacionado con el trabajo puede ser la sustancia única determinante del valor, por el simple motivo de que “ya sabemos” que es la utilidad subjetiva lo que realmente determina los precios. Muy bien, ya vemos lo que valen esas certezas.

RESUMEN

La teoría neoclásica según la cual los precios están determinados por la intersección de las curvas de oferta y demanda, descansa en el supuesto de que las formas de tales curvas están predeterminadas. En el caso de la curva de demanda, su forma sería siempre descendente, en virtud de la utilidad decreciente en el consumo adicional, para el caso de un individuo con una mercancía. Se supone que tal caso puede agregarse sin problemas al conjunto social, y representar el comportamiento del mercado en su totalidad, sin problemas de agregación. Sin embargo, el intento de realizar tal agregación fracasó absolutamente desde el primer momento, y el origen de esto debe buscarse en el irrealismo de los supuestos iniciales, y en el problema del individualismo metodológico.

Bibliografía:

Steve Keen (2011): Debunking Economics (las citas de este artículo pertenecen a su capítulo 3, Debunking Economics – Steve Keen)

También recomendado el capítulo 1 de “Valor mercado mundial y globalizacion R Astarita 2005_18-11-11” de R. Astarita, y la obra de D. Guerrero “Utilidad y trabajo“.

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Acerca de Ezequiel

Marxista.
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5 respuestas a La economía de pensar en nada: la rebelión de la curva de demanda

  1. Ya sé que este blog trata principalmente sobre economía pero, ¿podrías recomendarme alguna obra que trate sobre la democracia y refute la idea de que esta existe en el capitalismo liberal?

  2. Enrique dijo:

    Creo que el archivo de Diego Guerrero a que te refieres lo puedes descargar desde aquí
    http://www.nodo50.org/gpm/MarxismoYmarginalismo/utilidad-Diego_Guerrero.pdf

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