Respuesta sobre TLV 2: De los errores de método a las barbaridades

Continuación del artículo anterior

Las teorías son siempre parte de una discusión. Son desarrollos alternativos sobre un tema, en polémica con otros intentos del mismo género. El tema se define por una pregunta inicial, el problema, y cada ensayo de respuesta define una línea teórica. Cada una de estas líneas evoluciona por su cuenta, al mismo tiempo que reacciona ante la polémica con sus rivales. A lo largo de décadas e incluso siglos, las teorías se corrigen y se perfeccionan. En algún momento, el peso racional de algunas, su capacidad explicativa, se demuestra superior a la de sus rivales.

El carácter dinámico de este proceso determina que para conocer un problema científico, se necesita estudiar todos los intentos de respuesta al mismo. Sólo así se puede tener claro qué hipótesis han sido aceptadas y después de qué proceso de argumentación y de refutaciones, y qué hipótesis han sido rechazadas tras las correspondientes discusiones y contrastaciones… Este método de estudio tiene además una ventaja que es crucial: para poder comparar la justeza de las respuestas, es obligatorio partir desde el principio (no tanto histórico sino lógico), es decir desde la pregunta inicial. Esto implica que está garantizado que se tendrá claro cuál es el problema. De esta forma aprendemos los marxistas, es en general lo que hace cualquier científico (1).

Otro método es el que sigue la enseñanza de economía académica. Se parece menos a la educación universitaria, que a la educación escolar. Consiste en la memorización de preceptos que no se problematizan. Parte de axiomas, es decir, premisas no demostradas. Las ideas que no se conformen con el esquema son rechazadas porque se considera incorrecto todo lo que no se encuadre en el manual. El criterio de juzgar en qué medida se responde correctamente a la pregunta inicial, no opera aquí. Sólo se juzga si se condice con lo dicho por el manual (2).

No podría ser de otra manera, después de todo, si para empezar, ni siquiera conocen cuál era el problema de investigación. Esta ignorancia crucial, demuestra el carácter dogmático de la economía ortodoxa, que sólo puede armar su discurso soslayando el problema que estudia la economía clásica. Si tratara de responder a la misma pregunta que Smith, Ricardo y Marx, no podría siquiera haber nacido. No compite con la economía política: es un intento de ocultarla.

Veamos cómo se reproduce esto en un caso particular:

En el post que examinamos, cuando se refiere a la teoría del valor, dice que se trata del intento de responder “porqué las cosas tienen valor”. Pero enseguida agrega dos cosas: primero, que es una pregunta que se viene haciendo “la humanidad” desde siempre, momento en que mezcla a pensadores como Aristóteles y muchos otros que no conocieron ni el capitalismo ni la realidad moderna del valor, con autores contemporáneos que sí conocieron el capitalismo, y que justamente por eso investigaron la noción de valor. Confunde valor con precio.

Si se quiere criticar una teoría, hay que entender los conceptos. Ni la economía clásica ni la teoría marxista son intentos de responder “porqué las cosas tienen precio” desde Aristóteles. Al contrario, son teorías específicas sobre el capitalismo. En Ricardo, Sismondi, Jones, hay una intuición insuficiente, pero valiosa, de que se trata de estudiar un “cuerpo social determinado y atravesada por las relaciones políticas y de producción y por la distribución del ingreso entre las clases sociales”. En Marx esta idea cobra plena conciencia, con efectos revolucionarios para la ciencia de la economía política.

En el capitalismo, los precios alcanzan una estabilidad a largo plazo como nunca antes en la historia: se verifica estadísticamente que se mueven alrededor de centros de gravedad. Esto quiere decir que no son arbitrarios (como sí lo son los precios de monopolio) o, lo que es lo mismo, que están determinados por algo. Este fenómeno particular del capitalismo, es el inicio del problema, el punto de partida de la investigación. Como queda claro, se trata de estudiar no porqué “las cosas tienen precio”, sino en particular, “qué tipo de sociedad determina que las cosas tengan precios” (a diferencia del feudalismo, por ejemplo), y porqué no sólo tienen precios, sino también valor (a diferencia también de otras sociedades), es decir, un nivel subyacente y estable alrededor del cual se mueven los precios, y cuya existencia revela que hay una determinación objetiva, y no sólo arbitrariedad.

Sólo si se admite esta realidad observable de niveles de largo plazo en los precios, puede formularse la pregunta, y de ahí en más, intentar resolver un problema objetivo con una respuesta objetiva.

Cualquiera que intente criticar a la economía política clásica, debe partir de este punto, no soslayarlo. El problema es que si se trata de neoclásicos, admitir la existencia del valor como fenómeno objetivo, los llevaría a tener que admitir la necesidad de una explicación objetiva. Como no la tienen, sus lecturas necesitan nutrirse de vacíos enormes.

El modo en que usualmente se esquiva el problema de investigación, consiste en partir de definiciones previas del valor. Previas a detectar y definir el problema. Como puede verse en el citado blog, cuando se empieza a hablar de valor, enseguida se lo define como “valoraciones subjetivas” y luego se dice que determinarán el precio.

Por eso en el segundo agregado, dice que “otras ciencias”, como la psicología, etc, también intentan explicar el valor.

Aclaremos: sería perfectamente legítimo que alguien, supongamos un economista atento y estudioso de la estadística, note que los precios de las mercancías tienden a mantener relaciones estables entre sí (valores de cambio), que busque una explicación para este fenómeno objetivo, y que ensaye la hipótesis de que son las valoraciones subjetivas de los participantes en el intercambio las que de alguna manera logran determinar dichas relaciones de cambio. Digamos que sería erróneo, pero seguiría los pasos lógicos indispensables. Siguiendo los mismos pasos lógicos, la economía política detectó el fenómeno, y buscó una explicación, pero en este caso, con un determinante objetivo, por el simple motivo de que las relaciones de intercambio son cuantitativas, y por lo tanto deben estar determinadas por cantidades (3).

Para resumir lo anterior, un consejo para todo neoclásico: el crítico de la teoría clásica del valor tiene que aprender qué investiga la teoría clásica del valor. Otra cosa es hacernos perder el tiempo.

Para cerrar este artículo, mostramos cómo el partir de una definición en lugar de partir de un problema, lleva a las mayores confusiones.

En el post citado se parte de dar una definición de valor: “el valor es cuánto se desea un objeto o condición con respecto a otros objetos o condiciones”, y luego se dice que las teorías sobre el valor intentan responder porqué existe tal cosa… entonces, incluso la teoría objetiva del valor… sería un intento de explicar al valor como función de un deseo… No es broma, lo dice clarito:

“…dos grandes conjuntos, según el motivo por el cual uno u otro autor percibía o entendía que la gente (nosotros) le dábamos valor a las cosas:

a) La teoría del valor intrínseco (teoría objetiva del valor).

b) La teoría subjetiva del valor.”

Como vimos en el artículo anterior, esto revela la existencia de lagunas mentales, fallas metodológicas, y propensión al copy-paste. Ejemplificamos con la inmediata contradicción:

a) Las teorías del valor intrínseco u objetivas sostienen, como su propio nombre indica, que el precio de los bienes y servicios no está en función de o no viene dado por juicios subjetivos. Es decir, que las cosas valen en función de uno o más motivos objetivos y que la persona tiene poco o nada que decir al respecto de lo que valen. Esta teoría (o grupo de ellas) sostiene que el valor de un objeto (bien o servicio) es intrínseco a él o está contenido dentro de sí mismo.”

Es serio el asunto. Contradice lo anterior, al decir que para la teoría objetiva, los precios no están determinados por juicios subjetivos. Lo dice, pero sería demasiado pedir que lo entendiera. Es que más adelante dirá que es absurdo creer que los sujetos saben cuánta materia objetiva, trabajo, está contenida en cada mercancía, como para juzgar su valor… vuelve a interpretar como subjetivista a la teoría objetiva, cree que la teoría marxista dice que la gente calcula la cantidad de trabajo contenida en cada mercancía, y de ahí surgiría el precio…

Para que entienda el neoclásico que pase por acá:

Primero, el valor no es intrínseco ni está contenido en el objeto. Lo intrínseco al objeto es su valor de uso. Su valor de cambio no puede encontrarse de ninguna manera en el objeto. El valor de cambio es una relación social, sólo es objetiva o intrínseca en el sentido en que toda relación social puede serlo, y en el sentido particular de que está determinada por una cantidad de sustancia cuantificable, que es el trabajo humano.

Segundo, el valor de las mercancías se determina por mecanismos sociales que exceden la voluntad de los individuos, y que no son reducibles a la suma de los deseos particulares de todos. Es lo mismo que pasa con cualquier otro tipo de sociedad: hay reglas objetivas. Por eso, que los individuos valoren más o menos una mercancía, no afecta su valor económico. Ya hemos visto porqué: si las mercancías son reproducibles, un aumento de la demanda deriva en un aumento correspondiente de la oferta: ergo, la demanda no altera el precio de largo plazo. Por lo mismo, no se trata de que los individuos “calculen” cuánto trabajo tendrá incorporado tal o cual mercancía. El mecanismo de formación de precios no deriva de cálculos individuales de utilidades, de trabajo, energía cósmica, o de lo que sea.

Tercero, las teorías objetivas del valor tienen como supuesto inicial que para que haya valor, tiene que haber valor de uso, es decir utilidad social. Es su condición necesaria, aunque no suficiente, ni puede determinar el nivel del valor. Entonces, es incorrecto definir al hecho de que “el objeto debe ser útil” como una característica particular de las teorías subjetivas.

En próximos artículos, abordaremos cuestiones más específicas.

—————-

(1) Un ejemplo cabal es “Teorías de la plusvalía” de Marx.

(2) Ver por ejemplo: http://rolandoastarita.com/nc.Fundamentosmetodologicos.htm

(3) Ver:

https://divulgacionmarxista.wordpress.com/2013/06/22/cretinismo-economico-vii/

https://divulgacionmarxista.wordpress.com/2012/11/30/matematica-objetividad-y-abstraccion/

https://divulgacionmarxista.wordpress.com/2012/03/18/teorias-del-valor-introduccion/

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Acerca de Ezequiel

Marxista.
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10 respuestas a Respuesta sobre TLV 2: De los errores de método a las barbaridades

  1. Frab dijo:

    Qué majo has sacado al Chepamindundi, ha salido favorecido y todo. ¿ Cómo explican los subjetivistas marginalistas que dos personas que van a comprar un mismo bien, que representa para ambas distintos grados de utilidad ( estimulos cerebrales de distinta intensidad para cada uno) tenga el mismo precio para los dos? ¿ Cómo explican que para una persona para la cual la utilidad de un bien es muy alta, pero por su poder adquisitivo no puede o no quiere comprar, y para otra para la que la utilidad del mismo bien es mucho menor sí está dispuesta a pagar ese precio?

    • roxy dijo:

      La verdad es que me parec bien que hayas escrito todo.

      Me gustaría que le mandaras una nota a Chemazamundi para que debatiera EL en TU página sobre el tema. Ya que en la suya no admite comentarios que no son de su gusto, pero afirma que sí esta dispuesto a comentar en otras donde las reglas las pone otro, pues entonces que lo demuestre con los hechos.

      Y que presente un debate AQUI donde cada quién exponga sus propios puntos de vista.

      • Ezequiel dijo:

        Hola, cada vez que enlazo su página, su blog debe recibir una notificación. Al menos así me ocurre a mí. Así que debe estar anoticiado de estos posts. Además, en su blog estoy bloqueado. Saludos.

  2. Roxy dijo:

    Típico de una persona asi: cuando se presentan argumentos que no son de su gusto, decide bloquearlos. Es una clara violación de las reglas que el mismo impone en donde afirma que se le puede contradecir si se presentan hechos o argumentos y sin faltar (mientras que naide hay más faltón que el mismo) y cuando se presentan argumentos que no puede rebatir, viola sus propias reglas.

    Lo que me molesta no es eso, sino que diga que se apoya en los hechos y las evidencias cienrtíficas.

    En fin, que sólo te puedo felicitar una vez más por tu artículo.

  3. Carlos dijo:

    ¿ Se puede calcular la derivada de la utilidad marginal?

    • Ezequiel dijo:

      Sobre eso Diego Guerrero ha respondido enfáticamente que no puede hacerse ese cálculo, del mismo modo que no puede calcularse la derivada de la felicidad o del amor marginales. No recuerdo ahora en cuál de sus libros lo dice. Saludos.

  4. Carlos dijo:

    ¿ Podrías explicarlo un poco? También me interesa saber si opera la TVL en una feria de ganado, y si en la producción de oro , los diferentes costes de producción, en cada mina, por la diferente dificultad de extracción, invalidan la TVL, al tener el oro el mismo precio en todos los casos. ¿ O no es así?. Un abrazo y muchas gracias.

  5. Carlos dijo:

    Sí, pero supongo que por eso mismo por ser una subasta ( donde hay escasez de oferta frente a la demanda) no opera la TVL.

  6. Ezequiel dijo:

    Hola, perdón por la demora, estuve buscando la explicación de Diego Guerrero, que tiene la ventaja del humor además de la claridad, pero sólo encontré referencias vagas. Supuestamente en una obra del 2005… pero en fin, voy a responder la cuestión en su esencia.
    Para responder al porqué de la imposibilidad de derivar el valor de cambio a partir de un ordenamiento de las utilidades marginales, hay que empezar por el paso de decidir si en el mercado existe el valor como un hecho objetivo. Un austríaco como Rallo diría que no (ver discusión con Guerrero en la web). Sin embargo, es tan fácil verificar que sí como consultar una estadística, donde puede observarse la estabilidad temporal de la relaciones de valor entre las distintas mercancías (una tal estadística puede verse en “Utilidad y Trabajo” de D. Guerrero, una demostración cabal de que el valor es un hecho objetivo puede encontrarse en la discusión de R. Astarita con los austríacos). Si los precios fueran caóticos, entonces su causa podría ser igualmente caótica, subjetiva, de hecho indeterminada, tal como sucede con los precios de monopolio. Pero en competencia sucede otra cosa, la regularidad del intercambio permite la regularidad de los precios o tipos de cambio o relaciones de valor… y esta regularidad a su vez, nos remite a otra regularidad que debe ser su causante. La magnitud relativa de cada valor debe ser causada por otra magnitud. Así, volviendo a las utilidades marginales: o se cuantifican y se encuentra una correspondencia empírica entre la magnitud de dichas uu.mm. y la magnitud del precio, o se abandona la teoría. Los neoclásicos de hecho abandonaron esta empresa porque no se puede cuantificar un sueño, y se conformaron con la disimulada retirada que inventó Samuelson con sus “preferencias reveladas”; mientras que los austríacos se mantuvieron en la idea de que no hace falta cuantificar las utilidades ni demostrar su existencia empírica, sino que bastaría con suponer que una escala ordinal de preferencias alcanza a dar una explicación plausible de cómo podría formarse un precio aleatorio… Claro que de esta manera siguen sin responder cómo se forman precios no aleatorios y de dónde proviene su estabilidad… y tal como dijimos en otro lado (basándonos en el cap. 1 del libro “Valor…” de Astarita), al momento de salir del modelo de ordenamiento de dos o tres, o diez, mercancías, a un modelo realista de todas las mercancías que deberían ordenarse mentalmente, que son todas las conocidas por la persona, es decir, cientos o miles, se demuestra que esto es imposible sin cuantificación, es decir asignándole un valor a cada mercancía o a cada “utilidad”… 1,1 vs 0,5 vs 2 vs 2,1, etc. En definitiva, un austríaco tiene que empeñarse en no reconocer que existe el hecho objetivo del valor de cambio.
    Además, en el libro mencionado de Guerrero existen varias refutaciones a la posibilidad de derivar una curva de demanda de la utilidad marginal. También el experimento de Sippel que he mencionado en uno de los últimos posts, demuestra que la gente no ordena sus preferencias al modo neoclásico y que ni siquiera las preferencias reveladas de Samuelson pueden sostenerse.
    Y como siempre, recuerdo que todo esto es irrelevante, ya que la curva de demanda no determina el precio, sino sólo la cantidad ofrecida, en condiciones de reproducibilidad de las mercancías.
    Sobre el valor del oro, su productividad varía tanto como la de cualquier mercancía, y esto no afecta al concepto de su valor, ya que el tiempo de trabajo socialmente necesario, que determina al valor, es el dominante en la rama, no el particular de cada empresa. Esto es largo de explicar, pero hay varios posts que puede consultar, tanto aquí como sobre todo en el blog de Astarita.
    Sobre las subastas de ganado, yo la única que conozco es la de Liniers. Allí se vende ganado periódicamente a un precio que ronda un centro de gravedad, como sucede con cualquier mercancía, y que varía según aumente o disminuya la oferta por cuestiones estacionales. No hay nada extraño en este caso. Debe haber subastas de animales especiales, premiados, etc, que salen de esta lógica.
    Saludos.

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