Sigue el enigma de las cosas, el trabajo y el ocio

Habíamos quedado varados en el fondo del pozo del infierno…

Un laburante

Un laburante

…del infierno de la incertidumbre, al descubrir que hay gente que puede consumir los bienes necesarios para la vida, ¡aún a pesar de no producir tales bienes!

Desde que nos encontramos con este obstáculo, hemos estado investigando, y empezamos, por supuesto, preguntándole a los economistas, que son quienes tienen la posta. Sin embargo, por más que preguntábamos, sus respuestas siempre nos remitían al problema original, que quedaba sin solución*.

Así que ya sin muchas esperanzas, tuvimos que volver con el caballo cansado a hablar con el amigo Carlos, que nos dijo lo siguiente:

“Como el trabajo [y la naturaleza] es la fuente de toda riqueza, nadie en la sociedad puede adquirir riqueza que no sea producto del trabajo. Si, por tanto, no trabaja él mismo, es que vive del trabajo ajeno y adquiere también su cultura a costa del trabajo de otros”.

http://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gotha.htm#i

El trabajo de unos tiene que mantener a estos unos y a algunos otros… ¿Quiénes pueden ser esos otros? Tal vez si repasamos la historia de sociedades más primitivas, podamos ponernos fácilmente de acuerdo…

Le pedí a Carlos que le preguntara a algún amigo historiador si podía ayudarnos a identificar a esta clase de personas.

“¡A la orden mein freund!” -me dijo (es que es alemán el hombre, aunque se va acriollando de a poco). Y lo que me contó lo resumo aquí:

En tiempos ya casi olvidados, cuando la agricultura aún no se había generalizado y los dioses se confundían con las manifestaciones de la naturaleza, en los tiempos de la recolección y la caza, las bandas de humanos vivían en el ocio y el disfrute, y sin preocuparse por crear un excedente, ya que todo lo que necesitaban podía conseguirse suficientemente, y el amplio tiempo sobrante que podrían haber dedicado al aumento de la producción, quedaba libre y a discreción de cada individuo.

Sin embargo,  a partir de la diferenciación de funciones en algún momento se sembró el germen de la estratificación, ya que el “especialista” podía pedir y luego exigir que sus compañeros trabajaran más para proveerlo especialmente a él mismo.

Simultánea o posteriormente la economía agrícola permitió producir una cantidad de alimento superior a la de eras precedentes, sin agotar los recursos naturales. Este aumento sustentable de la producción fue posible por la mayor productividad de la tecnología agrícola respecto a la tecnología de la caza y la recolección.

De este modo se acumuló un excedente del producto, que es la cantidad que sobra después de cubrirse las necesidades de la mera reproducción de la comunidad. Este excedente permitió el crecimiento del tamaño de la comunidad aldeana, y sobre todo, permitió profundizar la división del trabajo, ya que no era necesario que todo el trabajo se dedicara a la producción de alimento.

De aquí al inicio de la estratificación social hay sólo un paso, que se dió cuando unos señores profundizaron su especialización en producir diversos objetos distintos al alimento (artesanías, etc.) o en otorgar ciertos servicios espirituales (sacerdotes). Ya sea por el mayor prestigio de estas funciones, o por su mayor cercanía al punto de inicio de la redistribución del excedente (cercanía al reparto centralizado del contenido de los graneros comunales), fueron acumulando poder y riqueza, y paulatinamente centralizaron las funciones administrativas en torno del palacio y del templo, que cumplía la indispensable misión de intermediar ante los dioses, rezándoles y ofreciéndoles tributo “para que no se ortivaran”. En el templo se acumulaba el excedente y luego se redistribuía, según los criterios de la casta sacerdotal. Lo mismo ocurría en el palacio en donde el rey y la corte tomaban esas decisiones (Ver: Mario Liverani, “El Antiguo Oriente: Historia, sociedad y economía“).

Estas innovaciones serán fundamentales en la historia humana, pues dan origen a un “salto organizativo” en la forma del estado, que surge del desarrollo de esta desigualdad de funciones, y a la vez se encarga de perpetuar y profundizar estas diferencias jerárquicas.

Esta jerarquización se expresa también en la geografía, ya que los campesinos que vivían en las aldeas y eran propietarios de sus tierras, conformaban un anillo que rodeaba al centro urbano hacia el que fluía el excedente campesino (mediante el tributo forzoso) y donde gracias a esto se fueron concentrando las funciones especializadas y organizativas.

En este punto la diferencia de funciones y de privilegios entre los que trabajan y los que viven del trabajo ajeno, quedan claras. Así cobran sentido las siguientes afirmaciones de nuestro amigo, en la misma fuente:

“En la medida en que el trabajo se desarrolla socialmente, convirtiéndose así en fuente de riqueza y de cultura, se desarrollan también la pobreza y el desamparo del que trabaja, y la riqueza y la cultura del que no lo hace”.

En futuras entradas repasaremos la evolución de esta relación inequitativa en otras sociedades.

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* En otro post veremos si la respuesta convencional de que la ganancia del empresario proviene de su “abstención de consumir” puede responder exitosamente a la cuestión.

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Acerca de Ezequiel

Marxista.
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2 respuestas a Sigue el enigma de las cosas, el trabajo y el ocio

  1. Marcial Dadario dijo:

    Che esto se parece mucho a “la fuerza de los fuertes” de Jack London…

    • Ezequiel dijo:

      Tengo pendiente leer algo más de Jack London, que creo que era marxista, pero no he leído eso en particular, veré si está en la biblioteca, por ahí me da una mano para redactar el texto.
      Gracias por la pista, de paso recomiendo “Cómo hacer un fuego”, un cuento que me pareció extraordinario.

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