Cretinismo económico V

Cretinismo económico V: contra la Ley de Say, especialmente contra la idea de que las crisis de sobreproducción generalizada son imposibles.

el economista

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Allá por los siglos XVIII y XIX muchos economistas trataban de entender la novedad de la economía capitalista, y muchos de ellos lograban aportar algo (o al menos entender algo) pero al mismo tiempo fallaban en su esfuerzo de comprender el todo. Uno de ellos fue el señor Say, cuyo error fue en este caso, como veremos, el concebir al intercambio comercial de una economía capitalista, como si fuera un mero trueque. Entonces puede decir que toda compra de un objeto útil implica su venta por la contraparte, y que toda venta de un objeto útil implica su compra por la contraparte. Toda compra pasada ha implicado una venta, y viceversa… Esto no parece raro, y de hecho no lo es, sino que es tan obvio que no nos enseña nada nuevo.
¿Entonces en dónde está el problema? El problema surge cuando se quiere ir más allá de la anterior tautología, y se afirma que toda venta se hace para realizar, con el dinero adquirido, una compra de un objeto útil, con lo que en última instancia el ciclo comercial consistiría en un sujeto que vende su mercancía A sólo para adquirir una mercancía B en una compra posterior. O de forma más completa: un sujeto que vende su mercancía A sólo para adquirir el dinero con el que podrá comprar su deseada mercancía B. En este esquema vemos que el dinero es sólo un intermediario entre compras y ventas, un mero “medio de circulación“, y que a nadie se le podría ocurrir, por ejemplo, acumular dinero…
Con lo anterior creo que se va haciendo bastante evidente la debilidad de esta forma de pensar, pero para llegar al fondo del asunto, hay que responder a la pregunta de qué es realmente el dinero. Aunque no voy a entrar en todas las funciones que cumple, y que se pueden estudiar en los primeros capítulos de “El Capital”, creo que es necesario que explique, en cambio, qué lugar ocupa el dinero en la economía, para lo cual hay que definir primero las características particulares de esa economía, en este caso, la peculiar economía capitalista. Por suerte, ya me tomé ese trabajo en otro post, que mal o bien, aborda el tema, por eso me permito resumir acá solamente lo esencial:

La división social del trabajo alcanza su máximo desarrollo con la economía capitalista. Esto significa que cada productor de mercancías se encuentra aislado de los demás, y separado de los consumidores. Lo que a su vez significa que los productos, las mercancías, están separadas de sus potenciales consumidores. Existe un vacío, un abismo, entre los objetos útiles que la sociedad produce, y el consumo de estos objetos útiles por esa misma sociedad. Esto es una novedad histórica.
Entonces para que la economía funcione, debe haber algo que llene ese vacío, algo que conecte a las mercancías entre sí, que las haga enfrentarse como cosas que se puedan intercambiar. Ese algo es el mercado, y mediante la forma de mercancías que toman los objetos, es posible que se produzca ese intercambio según los valores de cada mercancía, es decir que el intercambio se realiza en diferentes proporciones, según el valor de una mercancía sea mayor o menor. Ahora bien, si todas estas mercancías se enfrentaran unas con otras, sin intermediación alguna, nos encontraríamos con que cada poseedor de una mercancía tendría la necesidad y la pretensión de hacer pasar a su mercancía como a EL equivalente de todas las demás, para que así pudiera intercambiar esa mercancía que no le sirve, por todas las otras que sí le sirvan. Es fácil deducir que los poseedores de las demás mercancías tendrán la misma pretensión, con lo que el intercambio se hace imposible.
Es aquí que entra la necesidad del dinero como equivalente universal. Para resolver las trabas anteriores, el sistema necesita encontrar una intermediación, y esa intermediación debe ser algo que al mismo tiempo tenga valor, para poder compararse cuantitativamente (proporcionalmente) con todas las mercancías, y que también tenga un valor de uso (una utilidad concreta) tal, que todos estén dispuestos a aceptar a ese intermediario. ¿Qué puede ser, entonces, ese intermediario?
Puede y debe ser una mercancía, para que tenga valor, y debe tener algunas características tales que la hagan especial para funcionar como dinero, por ejemplo debe contener mucho valor en porciones pequeñas de su composición material, para ser manejable, debe ser divisible fácilmente, maleable, etc. Tal mercancía es el oro, o la plata en algún caso, incluso metales menos valiosos han cumplido funciones como dinero-mercancía, claro que como dinero menos valioso, mero cambio.
Esta necesidad insoslayable de la existencia del dinero-mercancía como equivalente universal refuta la idea vulgar de que el intercambio es un mero trueque (ya lo vimos en este post) y tiene consecuencias devastadoras para todo el edificio de la economía burguesa, y especialmente para la Ley de Say, ya que se hace evidente que el dinero que uno obtiene en una venta no tiene porqué dirigirse inmediatamente a la compra de otro objeto útil, ya que como valor puede inmovilizarse indefinidamente sin que pierda ese valor, puede reservarse para su uso en las circunstancias en que su possedor lo crea conveniente. Y esto hace que sea posible que no todos los productos encuentren un comprador, con lo que es posible, entonces, una crisis de sobreproducción generalizada de mercancías, que es lo que niegan Say y los economistas vulgares en general.

Espero haber sido claro, sino, me gustaría que me ayuden a mejorar el texto con cualquier crítica o recomendación. De todos modos, les dejo un texto bastante transparente, que explica este tema de una forma más directa: http://seminaritaifa.org/descarregues/Corrents_tradicionals/Sardoni.pdf
Sin más, los dejo con un breve extracto del Capítulo III de El Capital, que trata el tema.

“Nada puede ser más desatinado que el dogma según el cual la circulación de mercancías implica un equilibrio necesario entre las compras y las ventas, puesto que toda venta es una compra, y viceversa. Si con esto se quiere decir que el número de las ventas efectivamente llevadas a término es igual al de las compras, estamos ante una trivial [138] tautología. Pero lo que se pretende demostrar es que el vendedor lleva al mercado a su propio comprador. La venta y la compra son un acto idéntico en cuanto relación recíproca entre dos personas polarmente contrapuestas: el poseedor de mercancías y el de dinero. Configuran dos actos contrapuestos de manera polar, en cuanto acciones de la misma persona. La identidad de venta y compra lleva implícito, por consiguiente, que la mercancía devenga inservible cuando, arrojada en la retorta alquímica de la circulación, no surge de la misma convertida en dinero, no la vende el poseedor de mercancías, y por ende no la compra el poseedor de dinero. Esa identidad implica, por lo demás, que si el proceso culmina debidamente, constituya un punto de reposo, un período en la vida de la mercancía, período que puede prolongarse más tiempo o menos. Como la primera metamorfosis de la mercancía es a la vez venta y compra, este proceso parcial es al mismo tiempo un proceso autónomo. El comprador tiene la mercancía, el vendedor el dinero, esto es, una mercancía que conserva una forma adecuada para la circulación, ya se presente temprano o tarde en el mercado. Nadie puede vender sin que otro compre. Pero nadie necesita comprar inmediatamente por el solo hecho de haber vendido. La circulación derriba las barreras temporales, locales e individuales opuestas al intercambio de productos, y lo hace precisamente porque escinde, en la antítesis de venta y compra, la identidad directa existente aquí entre enajenar el producto del trabajo propio y adquirir el producto del trabajo ajeno. El hecho de que los procesos que se contraponen autónomamente configuren una unidad interna, significa asimismo que su unidad interna se mueve en medio de antítesis externas. Si la autonomización externa de aspectos que en lo interno no son autónomos, y no lo son porque se complementan uno a otro, se prolonga hasta cierto punto, la unidad interna se abre paso violentamente, se impone por medio de una crisis. La antítesis inmanente a la mercancía –valor de uso y valor, trabajo privado que a la vez tiene que presentarse como trabajo directamente social, trabajo específico y concreto que al mismo tiempo cuenta únicamente como general y abstracto, personificación de la cosa y cosificación de las personas–, esa contradicción inmanente, adopta sus formas más evolucionadas de movimiento en las antítesis de la metamorfosis [139] mercantil. Estas formas entrañan la posibilidad, pero únicamente la posibilidad, de las crisis. Para que dicha posibilidad se desarrolle, convirtiéndose en realidad, se requiere todo un conjunto de condiciones que aún no existen, en modo alguno, en el plano de la circulación simple de mercancías [42]Say, por ejemplo, fundándose en que sabe que la mercancía es producto, se arroga el derecho de dictaminar sobre las crisis.”

Nota correspondiente:

[42] “Cfr. mis observaciones en torno a James Mill, en “Zur Kritik…, pp. 74-76. Dos puntos caracterizan, en este aspecto, el método de la apologética económica. En primer término, identificar la circulación de mercancías con el intercambio directo de productos, mediante el simple recurso de hacer abstracción de sus diferencias. En segundo lugar, el intento de negar, de desechar las contradicciones del proceso capitalista de producción, para lo cual las relaciones que median entre sus agentes de producción son reducidas a los simples vínculos que surgen de la circulación de mercancías. Pero la producción de mercancías y la circulación de las mismas son fenómenos inherentes a los modos de producción más diversos, aunque en diferente volumen y con desigual alcance. Nada sabemos, pues, acerca de la differentia specifica entre esos modos de producción, ni podemos por consiguiente enjuiciarlos, si nuestro conocimiento se reduce a las categorías abstractas, comunes a todos ellos, de la circulación de mercancías. En ninguna ciencia, fuera de la economía política, prevalece tan desorbitada petulancia en el manejo de los lugares comunes más elementales.”

http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/3.htm#fn34

También cito una parte del Capítulo segundo. EL DINERO O LA CIRCULACIÓN SIMPLE, inciso
2. MEDIO DE CIRCULACIÓN, punto a) Metamorfosis de las mercancías, de la Contribución a la crítica de la economía política, de Marx. Por razones de brevedad no copio varios párrafos anteriores, pero recomiendo leerlos para seguir la explicación de la circulación de mercancías.

“Si examinamos ahora el resultado de M-D-M, veremos que se reduce al intercambio de sustancia M-M. La mercancía ha sido cambiada por la mercancía, el valor de uso por el valor de uso, y la transformación de la mercancía en dinero, o bien la mercancía en forma de dinero, sólo sirve de intermediario a dicho intercambio. El dinero aparece así como un simple medio de intercambio de las mercancías, pero no como medio de inter- cambio general: aparece como medio de intercambio caracterizado por el proceso de circulación, es decir, como medio de circulación1.

Es un hecho que el proceso de circulación de las mercancías se reduce a M-M y por esto sólo parece ser un trueque efectuado por intermedio del dinero, o, en general, M-D-M se desdobla formando dos procesos aislados y, al mismo tiempo, representa su unidad dinámica; pero sacar de ello la conclusión de que entre la compra y la venta sólo existe la unidad y no la separación significaría manifestar un razonamiento cuya crítica pertenece a la esfera de la lógica y no de la Economía política. La separación de la compra y la venta en el proceso de intercambio no sólo destruye las barreras locales primitivas, tradicionalmente pías, ingenuas y absurdas para el metabolismo social, sino que también representa la forma general en la que los factores asociados del mismo se dislocan y se oponen los unos a los otros; en pocas palabras, significa la posibilidad general de crisis comerciales, pero únicamente porque el contraste entre la mercancía y el dinero es la forma abstracta y general de todos los contrastes que implica el trabajo burgués. La circulación monetaria puede por tanto tener lugar sin crisis, pero las crisis no pueden tener lugar sin circulación monetaria. Ahora bien, esto quiere decir únicamente que donde el trabajo fundado en el cambio privado no ha alcanzado todavía, en su desarrollo, la fase de la creación del dinero, le es naturalmente menos posible aún originar fenómenos que presuponen el desarrollo pleno del proceso de producción burgués.

Se puede, pues, apreciar la profundidad de una crítica que pretende, por la abolición de los “privilegios” de los metales preciosos y por medio de un llamado “sistema mone- tario racional”, suprimir las “anomalías” de la producción burguesa. Para dar, por otra parte, un ejemplo de apología económica, basta con citar una teoría, cuya perspicacia extraordinaria hizo mucho ruido. James Mill, padre del conocido economista inglés John Stuart Mill, dice:

No puede haber nunca escasez de compradores para todas las mercancías. Quien pone en venta una mercancía quiere recibir a cambio otra mercancía y en virtud de ello es comprador por el mero hecho de ser vendedor. Los compradores y vendedores de todas las mercancías tomados en su conjunto deben, pues, por una necesidad metafísica, equilibrarse. De modo que si hay más vendedores que compradores para una mercancía, debe necesariamente haber más compradores que vendedores para otra mercancía“1.

Mill establece el equilibrio transformando el proceso de circulación en trueque directo, y luego introduce de nuevo por contrabando en éste las figuras del comprador y del vendedor tomadas del proceso de circulación. Empleando el lenguaje confuso de Mill, cabe decir que en los momentos en que todas las mercancías son invendibles — como sucedió, por ejemplo, en Londres y en Hamburgo en ciertos momentos de la crisis comercial de 1857-1858—, hay efectivamente más compradores que vendedores para una sola mercancía, el dinero, y más vendedores que compradores para todas las demás formas de dinero, las mercancías. El equilibrio metafísico de las compras y las ventas se reduce al hecho de que cada compra es una venta y cada venta una compra, lo que por lo demás no tiene nada de particularmente consolador para los poseedores de mercancías que no logran vender ni, por consiguiente, comprar2.

La separación de la venta y la compra hace posible, al lado del comercio propiamente dicho, una multitud de transacciones ficticias anteriores al cambio definitivo entre los productores y los consumidores de mercancías. Ella permite a muchísimos parásitos introducirse en el proceso de producción y sacar ventajas de dicha separación. Pero esto sólo quiere decir una vez más que con el dinero como forma universal del trabajo burgués se da la posibilidad de desarrollo de las contradicciones contenidas en el mismo trabajo.”

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Acerca de Ezequiel

Marxista.
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5 respuestas a Cretinismo económico V

  1. Pharmakôs dijo:

    Muy buenos artículos. No he tenido todavía el valor de enfrentarme a “El Capital” y estas refutaciones de la doxa liberal me han resultado muy útiles como pequeñas aproximaciones.

    • Ezequiel dijo:

      Muchas gracias, espero que estos artículos te animen a abordar El Capital, pues el método expositivo de Marx, de comparar permanentemente las distintas doctrinas y resaltar sus errores y aciertos, es muy enriquecedor. Lo más difícil es pasar los tres primeros capítulos, pero una vez logrado eso, el resto se lee con cierta facilidad.
      Saludos.

  2. carlx dijo:

    Me encontré esto en la página de Rallo;

    Como sabéis, una falaz pero muy extendida explicación de las crisis económicas es que se produce más de lo que los agentes económicos pueden comprar. La mejor y más sintética refutación de esta errónea teoría se ha leído hasta la fecha a Irving Fisher en Booms and Depressions. Le basta con un párrafo:

    “¿Cómo puedo saber si existe sobreproducción de bienes? Pues porque hay más mercancías a la venta de las que el público comprará. ¿Y por qué no las comprará el público? Pues porque no tiene dinero suficiente. ¿Y por qué no tienen dinero suficiente? Porque no lo están ganando. ¿Y por qué no lo están ganando? Porque no están produciendo: ¡los trabajadores y las máquinas se encuentran ociosas!”. Pero, si la no producción es el problema, ¿por qué llamarla entonces sobreproducción?

    En efecto, los defensores de la teoría de la sobreproducción caen en el error de sugerir que el problema es la falta de empleo, pero ¿empleo para qué? ¿Para producir todavía más? Al final, hemos de regresar a la Ley de Say: la manera de comprar mercancías es ofrecer mercancías. Por consiguiente, el problema no puede ser nunca que producimos demasiado de todos los bienes, sino demasiado de algunos (viviendas) y demasiado poco de otros (mercancías exportables, materias primas…). Es decir, no sobreproducciones generalizadas, sino sobreproducciones parciales y sectoriales: las malas inversiones que tan bien describe la Escuela Austriaca.

  3. carlx dijo:

    Quien vende siempre lo hace para comprar. Si vende y no compra nada porque atesora el dinero, es que querría comprar otros productos (por tanto, hay demasiado de lo que no quiere y demasiado poco de lo que quiere: no hay sobreproducción general). Si vende y no compra nada porque atesora dinero y lo que quiere es el dinero como metal, hay demasiado de todo salvo de dinero (falta producir oro, por ejemplo). Si vende y no compra porque, como dice Marx, se dedica a pagar deudas, lo que está haciendo es saldar una operación anterior donde había comprado sin haber vendido (uno se endeudada cuando no tiene capital suficiente para comprar lo que desea), por tanto estamos en las mismas: vendo para comprar (o para finiquitar la compra hecha).

    Cuestión distinta, y eso es lo que confunde a Marx y en gran medida a Keynes, es que si se amortizan deudas de manera general, toda la demanda que se estaba financiando con cargo al crédito (a comprar sin pagar) puede desaparecer, dando la impresión de que ha habido un desplome de la demanda de todos los bienes (sobreproducción general). Aquí lo que sucede es más simple: como la demanda (a crédito) de bienes presentes se alimentaba de la promesa de entregar bienes futuros (deuda), cuando se dejan de adquirir bienes presentes con cargo a bienes futuros es porque se desean más bienes futuros que presentes. Por tanto, tampoco tendríamos una sobreproducción generalizada, sino parcial (demasiados bienes presentes, demasiado pocos bienes futuros). Todo esto lo trato en el capítulo 1 de mi libro “Los errores de la vieja Economía”.

    • Ezequiel dijo:

      Es la misma confusión de siempre, que surge de pensar que el capitalismo es una economía de trueque.

      En el post se muestra porqué se puede producir más de lo que se demanda: si los empresarios deciden no invertir, entonces el valor que han acumulado no comprará los medios de producción (maquinarias, etc) de los empresarios que se dedican a producirlos, y estos empresarios se fundirán; al mismo tiempo los trabajadores de esas ramas quedarán sin empleo; en seguida la demanda de bienes de consumo de lujo de los empresarios del sector “medios de producción” se desplomará, y asimismo los ingresos del sector capitalista que produce bienes de lujo; al mismo tiempo está cayendo también el consumo de bienes de consumo masivo de los trabajadores del sector MdP y del sector “Bienes de lujo” y pronto se propagará la misma caída a todos los sectores.
      Esto no puede subsanarse con la propuesta ingenua de que “se produzcan otras mercancías con más demanda” PORQUE ÉSE NO ES EL PROBLEMA: NO HAY UNA DERMANDA INSATISFECHA, SINO QUE NO HAY DEMANDA. El problema es que se cortó el ciclo de valorización cuando se cortó la inversión.

      Esta discusión podía ser teórica en el 1800, pero ahora, depués de haber vivido decenas de crisis, es un poco bizantino volver sobre lo mismo.
      Primero, es teóricamente vacío.
      Segundo, es visible en la práctica que las crisis no son meros momentos de reacomodamiento de la oferta. Por ejemplo en los 90 las empresas de EEUU por la feroz competencia invirtieron en ampliar la producción y la tecnología para ganar mercados, pero terminaron adquiriendo una capacidad productiva mucho mayor a la demandada. Por consiguiente se produjo una sobrecapacidad que desalentaba la inversión productiva. Entonces simplemente los empresarios ya no invirtieron, y destinaron su plusvalía a colocaciones en el sistema financiero. Como no había alternativas productivas viables, esta masa de valor se destinó a inversiones que generaron las burbujas financieras que todos conocemos; es decir, que esta masa de valor no se destinó a “producir otras mercancías que tuvieran demanda insatisfecha”, porque no había tales mercancías. No hubo reacomodamiento, porque la crisis era general, no había destinos atractivos de inversión productiva.

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