Cretinismo económico IV

Cretinismo económico IV: contra la extraña idea de que el capitalista le paga por adelantado al trabajador, con lo que le estaría dando una especie de crédito que justifica su ganancia…

el economista

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Bueno, en realidad no hay nada que decir como introducción, ya que cualquiera que haya estado en una relación laboral sabe que el salario no se paga el primer día, sino el último de cada mes, o de cada semana, después de haber aportado su trabajo. Vemos entonces que es en realidad el trabajador el que entrega una especie de crédito al capitalista, como si la extracción de trabajo impago no fuera suficiente. Quien niegue este hecho tan visible sólo puede ser un deshonesto mentiroso (suelen serlo los economistas austríacos que dicen esto, créase o no), ya que no se puede concebir que lo digan por ignorancia. Igual dejo un pasaje de El Capital que viene al caso, del Capítulo IV:

“La naturaleza peculiar de esta mercancía específica, de la fuerza de trabajo, trae aparejado el que al cerrarse el contrato entre el comprador y el vendedor su valor de uso todavía no pase efectivamente a manos del adquirente. Su valor, al igual que el de cualquier otra mercancía, estaba determinado antes que entrara en la circulación, puesto que para la producción de la fuerza de trabajo se había gastado determinada cantidad de trabajo social, pero su valor de uso reside en la exteriorización posterior de esa fuerza. La enajenación de la fuerza y su efectiva exteriorización, es decir, su existencia en cuanto valor de uso, no coinciden en el tiempo. En el caso de las mercancías [58] en que la enajenación formal del valor de uso por la venta y su entrega efectiva al comprador divergen temporalmente, el dinero del comprador desempeña por lo general la función de medio de pago. En todos los países de modo de producción capitalista la fuerza de trabajo sólo se paga después que ha funcionado durante el plazo establecido en el contrato de compra, por ejemplo al término de cada [212] semana. En todas partes, pues, el obrero adelanta al capitalista el valor de uso de la fuerza de trabajo; aquél le permite al comprador que la consuma antes de haber recibido el pago del precio correspondiente. En todas partes es el obrero el que abre crédito al capitalista. Que este crédito no es imaginario lo revela no sólo la pérdida ocasional del salario acreditado cuando el capitalista se declara en quiebra [59], sino también una serie de efectos de carácter más duradero [60k]. Con todo, que el dinero funcione como medio de compra o como medio de pago es una circunstancia que en nada afecta la naturaleza del intercambio [213] mercantil. El precio de la fuerza de trabajo se halla estipulado contractualmente, por más que, al igual que el alquiler de una casa, se lo realice con posterioridad. La fuerza de trabajo está vendida aunque sólo más tarde se pague por ella. Para concebir la relación en su pureza, sin embargo, es útil suponer por el momento que el poseedor de la fuerza de trabajo percibe de inmediato cada vez, al venderla, el precio estipulado contractualmente.

Conocemos ahora el modo en que se determina el valor que el poseedor de dinero le paga a quien posee esa mercancía peculiar, la fuerza de trabajo. El valor de uso que, por su parte, obtiene el primero en el intercambio, no se revelará sino en el consumo efectivo, en el proceso de consumo de la fuerza de trabajo. El poseedor de dinero compra en el mercado todas las cosas necesarias para ese proceso, como materia prima, etc., y las paga a su precio cabal. El proceso de consumo de la fuerza de trabajo es al mismo tiempo el proceso de producción de la mercancía y del plusvalor. El consumo de la fuerza de trabajo, al igual que el de cualquier otra mercancía, se efectúa fuera del mercado o de la esfera de la circulación. Abandonamos, por tanto, esa ruidosa esfera instalada en la superficie y accesible a todos los ojos, para dirigirnos, junto al poseedor [214] de dinero y al poseedor de fuerza de trabajo, siguiéndoles los pasos, hacia la oculta sede de la producción, en cuyo dintel se lee: No admittance except on business [Prohibida la entrada salvo por negocios]. Veremos aquí no sólo cómo el capital produce, sino también cómo se produce el capital. Se hará luz, finalmente, sobre el misterio que envuelve la producción del plusvalor. ”

Las notas correspondientes al extracto:

[58] 49 “El trabajo siempre se paga una vez terminado.” (“An Inquiry into Those Principles…”, p. 104.) “El crédito comercial hubo de comenzar en el momento en que el obrero, el primer artesano de la producción, pudo mediante sus economías esperar el salario de su trabajo hasta el término de la semana, de la quincena, del mes, del trimestre, etc.” (Ch. Ganilh, “Des systèmes…”, t. II, página 150.)

[59] 50 “El obrero presta su industriosidad”, pero, añade astutamente Storch, “no corre riesgo alguno”, salvo el “de perder su salario… El obrero no transmite nada material” (Storch, “Cours d’economie politique”, Petersburgo, 1815, t. II, pp. 36 y 37).

[60] 51 Un ejemplo. En Londres existen dos clases de panaderos, los “full priced”, que venden el pan a su valor completo, y los “undersellers”, que lo venden por debajo de su valor. Esta última clase constituye más de los 3/4 del total de los panaderos (p. XXXII en el “Report” del comisionado gubernamental Hugh Seymour Tremenheere sobre las “Grievances Complained of by the Journeymen Bakers…”, Londres, 1862). Esos undersellers, casi sin excepción, venden pan adulterado por la mezcla de alumbre, jabón, potasa purificada, cal, piedra molida de Derbyshire y demás agradables, nutritivos y saludables ingredientes. (Ver el libro azul citado más arriba, así como el informe de la “Committee of 1855 on the Adulteration of Bread” y Dr. Hassall, “Adulterations Detected”, 2ª ed., Londres, 1861. Sir John Gordon explicó ante la comisión de 1855 que “a consecuencia de estas falsificaciones, el pobre que vive de dos libras diarias de pan, ahora no obtiene realmente ni la cuarta parte de las sustancias nutritivas, para no hablar de los efectos deletéreos sobre su salud”. Tremenheere consigna (op. cit., página XLVIII), como la razón de que “una parte muy grande de la clase trabajadora”, aunque esté perfectamente al tanto de las adulteraciones, siga comprando alumbre, piedra en polvo, etc., que para esa gente es “absolutamente inevitable aceptar del panadero o en el almacén (chandler’s shop) cualquier tipo de pan que se le ofrezca”. Como no cobran hasta finalizada su semana de trabajo, tampoco pueden “pagar antes del fin de semana el pan consumido por su familia durante la semana”, y, añade Tremenheere fundándose en las declaraciones testimoniales, “es notorio que el pan elaborado con esas mezclas se prepara expresamente para ese tipo de clientes” (“it is notorius that bread composed of those mixtures, is made expressly for sale in this manner” ). “En muchos distritos agrícolas ingleses” (pero todavía más en Escocia) “el salario se paga quincenal y aun mensualmente. Estos largos plazos de pago obligan al trabajador agríola a comprar sus mercancías a crédito… Se ve obligado a pagar precios más elevados y queda, de hecho, ligado al almacenero que le fía. Así, por ejemplo en Horningsham in Wilts, donde el pago es mensual, le cuesta 2 chelines 4 peniques por stone (k) la misma harina que en cualquier otro lado compraría a 1 chelín 10 peniques.” (“Sixth Report” sobre “Public Health by The Medical Officer of the Privy Council…”, 1864, p. 264.) “Los estampadores manuales de tela, en Paisley y Kilmarnock” (Escocia occidental) “impusieron, mediante una strike [huelga], que el pago de salarios fuera quincenal en vez de mensual.” (“Reports of the Inspectors of Factories for 3lst Oct. 1853”, p. 34.) Una gentil ampliación adicional del crédito que el obrero concede al capitalista la vemos en el método de muchos propietarios ingleses de minas, según el cual al obrero sólo se le paga a fin de mes, y en el ínterin recibe adelantos del capitalista a menudo en mercancías que se ve obligado a pagar por encima del precio de mercado (truck-system). “Es una práctica común entre los patrones de las minas de carbón pagar una vez por mes y conceder a sus obreros, al término de cada semana, un adelanto. Este adelanto se les da en la tienda” (esto es, el tommy-shop 0 cantina perteneciente al patrón mismo). “Los mineros sacan por un lado y lo vuelven a poner por el otro.” (“Children’s Employment Commission, III Report”, Londres, 1864, p. 38, n. 192).

http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/4.htm


Si a pesar de esto, me dicen que en un ciclo completo de retorno del capital, el capitalista es el que aporta el capital, tanto en la forma de máquinas-herramientas como en la de salarios, habrá que preguntarles de dónde surgió esta acumulación de capital en las manos de unos pocos burgueses. Los economistas burgueses responderán que el ahorro (la abstención de consumir) les permitió acumular, mientras que la historia, más certera, nos muestra que la acumulación originaria fue un proceso de expropiación violenta que permitió dejar a las masas sin propiedad alguna y sin posibilidad alguna de producir por su cuenta, y acumuló todos los medios de producción en las manos de unos pocos capitalistas, que pudieron así ejercer una coerción económica sobre los trabajadores “libres”, y pudieron imponerles un salario inferior al valor del trabajo que realizan, con lo que obtienen de ahí su ganancia. Ver el capítulo XXIV de El Capital.

Para repasar el concepto de fuerza de trabajo y de valor de la fuerza de trabajo, recomiendo leer el capítulo entero, o pasar por el post que precede a éste: https://divulgacionmarxista.wordpress.com/2011/09/08/cretinismo-economico-iii/

Para ampliar, me permito plagiarme  a mí mismo una parte del primer post de este blog:

¿Porqué puede afirmar Marx que existe una apropiación de sobretrabajo? La explicación que pueden leer en el capítulo V y el XVII sobre el salario, nos muestra que lo que se paga no es “el trabajo” sino meramente el valor de la “fuerza de trabajo”, que es inferior al valor de lo que producen los obreros con su trabajo. De esta manera una parte del tiempo de trabajo no se remunera, y de este sobretrabajo sale la ganancia del empresario (2). Y de aquí el antagonismo permanente entre el capital y el trabajo.
¿Porqué es esto posible? Por el hecho, evidente para cualquiera, de que los capitalistas tienen el monopolio de los medios de producción (las herramientas y máquinas en general), con lo que el resto de la humanidad no tiene con qué producir sus medios de subsistencia. En estas condiciones no hay más que un posible desarrollo de la situación, una sola forma de que se establezcan las relaciones de producción: los capitalistas van a emplear a los proletarios desposeídos, con lo que estos podrán sobrevivir, a cambio, claro está, de que trabajen más del tiempo necesario para reproducirse a sí mismos, pues en estas condiciones tendrán que trabajar además un período extra, cada día, para reproducir la vida del empresario y para generarle una ganancia. A partir de un punto de partida inequitativo, se genera una forma social inequitativa, un modo de producción con extracción del excedente en favor de una clase, una economía basada en la explotación. Los economistas burgueses, en cambio, pretenden afirmar que a partir de este punto de partida inequitativo, se ha generado un sistema equitativo, se permiten suponer que los capitalistas han elegido no sacar provecho de su monopolio de los medios de producción.
Pero aquí no vamos a intentar un resumen de la teoría de Marx, cosa que sí se puede encontrar en otros posts, sino que preferimos limitarnos a “demoler” las críticas del presente video.
Y la desestimación de la “crítica” al punto que nos ocupa (ver arriba) es realmente muy simple: sencillamente el trabajador no es libre de esperar a que termine el proceso productivo para cobrar, y no es “porque quiere” ni porque “elige” hacerlo así, ni que “decide” cobrar su salario antes de que pase un año. En este punto sabrá juzagar el lector con qué clase de primates estamos lidiando, que hay que aclarar que si el trabajador no cobra cada una semana o cada un mes, SE MUERE.
He ahí la libertad de que nos hablan: el trabajador es libre de optar por aceptar un trabajo en el que le paguen un salario con el que sobrevivir, o no aceptarlo, y morir. ¡Es perfectamente libre! A eso le llaman pensar los señores economistas. Pero no nos confundamos: esperar hasta que termine el ciclo productivo no es nunca una opción, mientras no nos imaginemos a obreros que vivan del aire, o que tengan millones de dólares acumulados en algún rincón de sus casas en los barrios obreros, casas que, ya que estamos, podemos imaginarnos como mansiones.

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Acerca de Ezequiel

Marxista.
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Una respuesta a Cretinismo económico IV

  1. carlx dijo:

    Si me permites voy a utilizar este artículo tuyo, poniendo en enlace en la página de Rallo, me parece muy contundente.

    Gracias

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