Cretinismo económico III

Cretinismo económico III: contra la acusación infundada de que Marx sostenía que los salarios estaban condenados a permanecer en un nivel de subsistencia mínimo.

el economista

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Veamos una frase del Manifiesto Comunista: “Por eso, los gastos que supone un obrero se reducen, sobre poco más o menos, al mínimo de lo que necesita para vivir y para perpetuar su raza.” ¿Qué significa esta frase? ¿Es que hay un techo inamovible de los salarios, que consiste en la mera adquisición de los medios de subsistencia indispensables para no morir y para reproducirse biológicamnete? ¿Es esto lo que pensaba Marx?

Eso es precisamente lo que afirma la “ley de bronce” (o de hierro, según cada autor) de los salarios, que era sostenida por varios pensadores del siglo XIX, entre ellos Ricardo. Marx, a través de sus estudios de economía, se hizo eco de esta idea y la reprodujo en su Manifiesto Comunista, de 1848.

Sin embargo, su pensamiento se modificó rápidamente a este respecto, cuando fue expulsado tras las revoluciones de ese año, y se exilió en Inglaterra. Allí pudo consultar una amplia bibliografía en la biblioteca del Museo Británico, y sus conocimientos de economía avanzaron hasta el grado de madurez que encontramos en El Capital. En esta obra su noción del salario es mucho más compleja, como se verá en la primera cita de este artículo.

En breves palabras, el salario depende no sólo de los insumos básicos para la supervivencia biológica, sino también de las condiciones tecnológicas y culturales en que esté la producción social, y asimismo varía entre los trabajos más complejos y los más simples. Además, si la riqueza social está en aumento, el salario también puede aumentar en términos absolutos, separándose del piso de la supervivencia biológica, y sin embargo al mismo tiempo puede seguir representando un porcentaje igual o menor de la distribución global del ingreso. Así vemos que la pobreza absoluta puede disminuir, mientras que la pobreza relativa (desigualdad) se mantiene o se agrava. Dejo un fragmento del capítulo IV de El Capital, que lo explica con mucha claridad:

“Hemos de analizar ahora con mas detenimiento esa mercancía peculiar, la fuerza de trabajo. Al igual que todas las demás mercancías, posee un valor [51]. ¿Cómo se determina?

El valor de la fuerza de trabajo, al igual que el de toda otra mercancía, se determina por el tiempo de trabajo necesario para la producción, y por tanto también para la reproducción, de ese artículo específico. En la medida en que es valor, la fuerza de trabajo misma representa únicamente una cantidad determinada de trabajo medio social objetivada en ella. La fuerza de trabajo sólo existe como facultad del individuo vivo. Su producción, pues, presupone la existencia de éste. Una vez dada dicha existencia, la producción de la fuerza de trabajo consiste en su propia reproducción o conservación. Para su conservación el individuo vivo requiere cierta cantidad de medios de subsistencia. Por tanto, el tiempo de trabajo necesario para la producción de la fuerza de trabajo se resuelve en el tiempo de trabajo necesario para la producción de dichos medios de subsistencia, o, dicho de otra manera, el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de subsistencia necesarios para la conservación del poseedor de aquélla. [208] La fuerza de trabajo, sin embargo, sólo se efectiviza por medio de su exteriorización: se manifiesta tan sólo en el trabajo. Pero en virtud de su puesta en actividad, que es el trabajo, se gasta una cantidad determinada de músculo, nervio, cerebro, etc., humanos, que es necesario reponer. Este gasto acrecentado trae consigo un ingreso también acrecentado [52]. Si el propietario de la fuerza de trabajo ha trabajado en el día de hoy, es necesario que mañana pueda repetir el mismo proceso bajo condiciones iguales de vigor y salud. La suma de los medios de subsistencia, pues, tiene que alcanzar para mantener al individuo laborioso en cuanto tal, en su condición normal de vida. Las necesidades naturales mismas –como alimentación, vestido, calefacción, vivienda, etc.– difieren según las peculiaridades climáticas y las demás condiciones naturales de un país. Por lo demás, hasta el volumen de las llamadas necesidades imprescindibles, así como la índole de su satisfacción, es un producto histórico y depende por tanto en gran parte del nivel cultural de un país, y esencialmente, entre otras cosas, también de las condiciones bajo las cuales se ha formado la clase de los trabajadores libres, y por tanto de sus hábitos y aspiraciones vitales [53] j. Por oposición a las demás mercancías, pues, la determinación del valor de la fuerza laboral encierra un elemento histórico y moral. Aun así, en un país determinado y en un período determinado, está dado el monto medio de los medios de subsistencia necesarios.

El propietario de la fuerza de trabajo es mortal. Por tanto, debiendo ser continua su presencia en el mercado –tal como lo presupone la continua transformación de dinero en capital–, el vendedor de la fuerza de trabajo habrá de perpetuarse, “del modo en que se perpetúa todo individuo vivo, por medio de la procreación” [54]. Será necesario [209] reponer constantemente con un número por lo menos igual de nuevas fuerzas de trabajo, las que se retiran del mercado por desgaste y muerte. La suma de los medios de subsistencia necesarios para la producción de la fuerza de trabajo, pues, incluye los medios de subsistencia de los sustitutos, esto es, de los hijos de los obreros, de tal modo que pueda perpetuarse en el mercado esa raza de peculiares poseedores de mercancías [55].

Para modificar la naturaleza humana general de manera que adquiera habilidad y destreza en un ramo laboral determinado, que se convierta en una fuerza de trabajo desarrollada y específica, se requiere determinada formación o educación, la que a su vez insume una suma mayor o menor de equivalentes de mercancías. Según que el carácter de la fuerza de trabajo sea más o menos mediato, serán mayores o menores los costos de su formación. Esos costos de aprendizaje, extremadamente bajos en el caso de la fuerza de trabajo corriente, entran pues en el monto de los valores gastados para la producción de ésta.

El valor de la fuerza de trabajo se resuelve en el valor de determinada suma de medios de subsistencia. También varía, por consiguiente, con el valor de los medios de subsistencia, esto es, con la magnitud del tiempo de trabajo requerido para su producción.

Diariamente se consume una parte de los medios de subsistencia –por ejemplo alimentos, combustibles, etc.–, y es necesario renovarlos diariamente. Otros medios de subsistencia, como la vestimenta, el mobiliario, etc., se consumen en lapsos más prolongados, por lo cual hay que reponerlos en espacios de tiempo mas largos. Las mercancías de un tipo deben comprarse o pagarse diariamente, otras semanalmente, o cada trimestre, etc. Pero sea cual fuere el modo en que la suma de estos gastos se distribuya, por ejemplo, a lo largo de un año, es necesario cubrirla día a día con el ingreso medio. Si la masa de las mercancías necesarias diariamente para la producción de la fuerza de trabajo fuera = A, la requerida semanalmente = B, la [210] precisada trimestralmente = C, etc., tendríamos que la media diaria de esas mercancías sería igual a

65 A + 52 B + 4 C + etc.

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Si suponemos que en esta masa de mercancías necesaria para un día medio se encierran 6 horas de trabajo social, tendremos que en la fuerza de trabajo se objetiva diariamente medio día de trabajo medio social, o que se requiere media jornada laboral para la producción diaria de la fuerza de trabajo. Esta cantidad de trabajo requerida para su producción cotidiana constituye el valor diario de la fuerza de trabajo o el valor de la fuerza de trabajo reproducida diariamente. Si medio día de trabajo medio social se presenta en una masa de oro de 3 chelines o de 1 tálero, tendremos que 1 tálero será el precio correspondiente al valor diario de la fuerza de trabajo. Si el poseedor de la fuerza de trabajo la pone en venta diariamente por un tálero, su precio de venta es igual a su valor y, según nuestro supuesto, el poseedor de dinero, codicioso de convertir su tálero en capital, paga ese valor.

El límite último o límite mínimo del valor de la fuerza laboral lo constituye el valor de la masa de mercancías sin cuyo aprovisionamiento diario el portador de la fuerza de trabajo, el hombre, no puede renovar su proceso vital; esto es, el valor de los medios de subsistencia físicamente indispensables. Si el precio de la fuerza de trabajo cae con respecto a ese mínimo, cae por debajo de su valor, pues en tal caso sólo puede mantenerse y desarrollarse bajo una forma atrofiada. Pero el valor de toda mercancía está determinado por el tiempo de trabajo necesario para suministrarla en su estado normal de calidad.

http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/4.htm

En la Crítica al Programa de Gotha, Marx critica explícitamente la “ley de bronce” del salario lassalleana:

Así, pues, de aquí en adelante, el Partido Obrero Aleman ¡tendra que creer en la “ley de bronce del salario”[6] lassa lleana! Y para que esta “ley” no vaya a perderse, se comete el absurdo de hablar de “abolición del sistema del salario” (debería decirse: sistema del trabajo asalariado), con “su ley de bronce”. Si suprimo el trabajo asalariado, suprimo también, evidentemente, sus leyes, sean de “bronce” o de corcho. Pero la lucha de Lassalle contra el trabajo asalariado, gira casi exclusivamente en torno a esa llamada ley. Por tanto, para demostrar que la secta de Lassalle ha triunfado, hay que abolir “el sistema del salario, con su ley de bronce”, y no sin ella.

De la “ley de bronce del salario” no pertenece a Lassalle, como es sabido, más que la expresión “de bronce”, copiada de las “ewigen, ehernen grossen Gesetzen” (“las leyes eternas, las grandes leyes de bronce”[7]), de Goethe. La expresión “de bronce” es la contraseña por la que los creyentes ortodoxos se reconocen. Y si admito la ley con el cuño de Lassalle, y por tanto en el sentido lassalleano, tengo que admitirla también con su fundamentación. ¿Y cuál es ésta? Es, como ya señaló Lange poco después de la muerte de Lassalle, la teoría malthusiana de la población (predicada por el propio Lange)[8]. Pero, si esta teoría es exacta, la mentada ley no la podré abolir tampoco, aunque suprima yo cien veces el trabajo asalariado, porque esta ley no regirá solamente para el sistema del salario, sino para todo sistema social. ¡Apoyándose precisamente en esto, los economistas han venido demostrando, desde hace cincuenta años y aún más, que el socialismo no puede acabar con la miseria, determinada por la misma naturaleza, sino sólo generalizarla, repartirla por igual sobre toda la superficie de la sociedad!

http://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gotha.htm#i

Los críticos de Marx invariablemente citan el fragmento del Manifiesto Comunista, y esconden los escritos posteriores. Así es menos complicado el criar camadas de intelectuales que pueden decirse a sí mismos que “Marx ya está refutado”, y que pueden dormir mucho más tranquilos.

Recomiendo este trabajo sobre el tema: http://www.correntroig.org/IMG/pdf/LA_CONCEPCION_MARXISTA_DE_CLASE_OBRERA.pdf

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Acerca de Ezequiel

Marxista.
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3 respuestas a Cretinismo económico III

  1. Pingback: Cretinismo económico IV | Divulgación Marxista

  2. Eduardo dijo:

    Ezequiel, no se si la última parte de esta nota está puesta con el propósito de despertar en el lector sus ansias por conocer más el pensamiento de Marx, pero la verdad es que me resulta un tanto descolgada del resto. Si el objetivo es puramente el primero yo la dejaría como está o mejor aún pondría por delante una frase aclaratoria, del tipo, “para quienes quieran introducirse más profundamente en el pensamiento marxiano respecto de este tema les dejo este fragmento… etc.”, pero si no ha sido ese el objetivo creo que la nota cerraría mejor cortándola antes o bien necesitaría algún agragado aclaratorio.
    Este mensaje no es necesariamente para ser publicado, lo dejo a tu criterio. Renuevo mis halagos para tu blog, el que ya casi estoy terminando de leer. Un abrazo.

    • Ezequiel dijo:

      Gracias de nuevo, y tiene razón, me faltó aclarar qué pertinencia tiene para el resto del tema el ataque de Marx a la “ley de bronce” lasalleana de los salarios. Este post surgió de una discusión con un austríaco (¡cuándo no!) que decía que Marx suscribía dicha ley, y que entonces los hechos lo habían refutado en ese respecto, mediante la suba del nivel de vida (absoluto) de los asalariados. Justamente la llamada “ley de bronce” es la que afirma que los salarios están condenados a un nivel de subsistencia mínimo, se me olvidó aclarar que lo que se le atribuye a Marx por parte de muchos “críticos”, es suscribir a esta ley de los salarios. Ahora lo corrijo.
      Saludos.

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