Teoría del valor-trabajo

Este post es continuación de éste, y es complementario de este otro.

Para las teorías del valor-trabajo, la sustancia común que hace comparables a las mercancías es el trabajo humano abstracto. Antes de justificar este aserto, vamos a hacer un recorrido de la misma forma que lo hizo Marx en “Trabajo asalariado y capital” (en el segundo inciso: ¿Qué es lo que determina el precio de una mercancía?), que es un texto destinado a la divulgación, y que por lo tanto no da ningún concepto por sentado.  Por esto mismo, Marx explica algo que frecuentemente se menciona sólo de pasada, que es cómo es la misma competencia capitalista la que hace que los precios se ajusten a un valor subyacente a los mismos: es la misma naturaleza del sistema la que da entidad al valor como algo real, no como algo solamente teórico (que es lo que puede parecer si sólo desarrollamos el argumento lógico). Veamos:

“La industria lanza al campo de batalla a dos ejércitos contendientes, en las filas de cada uno de los cuales se libra además una batalla intestina. El ejército cuyas tropas se pegan menos entre sí es el que triunfa sobre el otro.”

Con esta metáfora Marx sintetiza su argumento: los vendedores compiten entre sí, lo que hace bajar los precios, pero al mismo tiempo compiten entre sí los compradores, lo que hace subir los precios, y a su vez entre ambos grupos -de vendedores y compradores- se entabla una competencia que va a resolver cuánto suben o bajan los precios, dependiendo de la correlación de fuerzas y de la unidad interna de los contendientes, y por supuesto de la relación entre la demanda y la oferta.

Esta relación entre la oferta y la demanda determina los precios, entonces, o eso parece, pues los hace subir o bajar… ¿pero subir o bajar respecto a qué? ¿qué determina que un precio pueda considerarse alto o bajo, y que deje una ganancia alta o baja? ¿Según qué criterio un precio dado va a atraer a una cantidad dada de vendedores? ¿Comparándose con qué cosa? En definitiva: “Si el precio está determinado por la relación entre la oferta y la demanda, ¿qué es lo que determina esta relación entre la oferta y la demanda?”

Ante este problema, Marx interroga a un burgués hipotético, quien le responde sin dudar que es el costo de producción (entendido en términos burgueses en este caso, más abajo explicamos qué significa esto) lo que él está comparando con el precio de venta: si la suma de los costos es inferior al precio de venta, entonces venderá con una ganancia, sino no venderá o lo hará sin ganancia.

Entonces los precios oscilan constantemente alrededor de ese nivel determinado por los costos de producción, y de los grados de esa oscilación depende el nivel de la tasa de ganancia de cada empresario, de cada rama productiva. Pero estas diferencias entre los niveles de los precios y por lo tanto entre los niveles sectoriales de las tasas de ganancia, generan un flujo de capitales que tienden a compensar estas diferencias y a anularlas en el largo plazo, con lo que se genera lo que se llama la “tendencia a la igualación de la tasa de ganancia”, que justamente tiende a crear una sola tasa de ganancia para todas las actividades. Veamos cómo funciona el mecanismo:

“¿Qué ocurrirá al subir el precio de una mercancía? Una masa de capitales afluirá a la rama industrial floreciente, y esta afluencia de capitales al campo de la industria favorecida durará hasta que arroje las ganancias normales; o más exactamente, hasta que el precio de sus productos descienda, empujado por la superproducción, por debajo del coste de producción.

Y viceversa. Si el precio de una mercancía desciende por debajo de su coste de producción, los capitales se retraerán de la producción de esta mercancía. Exceptuando el caso en que una rama industrial no corresponda ya a la época, y, por tanto, tenga que desaparecer, esta huida de los capitales irá reduciendo la producción de aquella mercancía, es decir, su oferta, hasta que corresponda a la demanda, y, por tanto, hasta que su precio vuelva a levantarse al nivel de su coste de producción, o, mejor dicho, hasta que la oferta sea inferior a la demanda; es decir, hasta que su precio rebase nuevamente su coste de producción, pues el precio corriente de una mercancía es siempre inferior o superior a su coste de producción.

Vemos que los capitales huyen o afluyen constantemente del campo de una industria al de otra. Los precios altos determinan una afluencia excesiva, y los precios bajos, una huida exagerada.”

Como vemos, el estilo de Marx es tan claro que si no fuera por la necesidad de abreviar la explicación, aquí simplemente copiaría todo el inciso segundo de la obra. Por esto recomiendo a los lectores que no prescindan de la lectura de “Trabajo asalariado y capital” para entender cabalmente este punto y otros.

A lo que nos lleva este mecanismo compensador, es a que en todas las ramas las tasas de ganancia se igualen, y que por lo tanto en el mediano plazo los precios no superen excesivamente ni vayan por debajo de los costos de producción, con lo que en el mediano y largo plazo, los precios están determinados por los costos de producción. Aquí está la clave y la conexión necesaria con la pregunta de qué es lo que determina ese costo de producción, y a partir de aquí podemos responder a la cuestión inicial, de porqué es el trabajo abstracto la sustancia del valor.

Para el capitalista, los costos de producción son los gastos en que ha incurrido en salarios y en maquinaria e insumos (y acaso en pago de una renta por el uso de un recurso natural monopolizado como la tierra). Según esto, la ganancia sería un plus obtenido en la venta, con lo que sería una expropiación en un intercambio de no-equivalentes, en donde el vendedor gana y el comprador pierde… pero ya vimos que desde esta perspectiva no se puede explicar la ganancia total de la economía, ya que las ganancias individuales se compensan con las pérdidas individuales. Por lo tanto, el concepto burgués de costo de producción es insuficiente porque oculta el origen de la ganancia absoluta (sólo contempla la ganancia relativa). Además el considerar a los costos a partir de los precios nos lleva a un círculo vicioso, pues el precio se explicaría ingenuamente por otros precios.

Si la ganancia total, absoluta, no proviene de la circulación, entonces debemos buscarla en la producción, como descubrieron los fisiócratas. Y si la ganancia se produce en la producción, entonces el valor total también se produce allí, ya que la ganancia no es más que una parte de ese valor total, es el excedente creado a partir de un valor anterior.

¿Qué es lo que produce el valor total de las mercancías (valor que incluye a la ganancia y al pago de la fuerza de trabajo y del capital constante)? ¿Cuál puede ser la sustancia que, en la producción, le da su valor a las cosas destinadas a la venta, a las mercancías? ¿Qué características debe reunir?

La sustancia del valor

“Toda cosa útil, como el hierro, el papel, etc., ha de considerarse desde un punto de vista doble: según su cualidad y con arreglo a su cantidad.”

http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/1.htm

Al iniciar su explicación en “El Capital”, Marx explica que por un lado, la riqueza de la sociedad capitalista tiene un contenido material, concreto, que vemos en las cosas entendidas como objetos útiles. Estas cosas no se diferencian en su realidad ni en su utilidad de otras similares realizadas bajo regímenes económicos distintos, anteriores o posteriores. Una silla puede ser construida por un carpintero medieval y ser igual a la construida por un carpintero proletarizado empleado por un capitalista. Las cosas entendidas en este sentido son lo que se llama valores de uso, y en este sentido lo que importa de ellas es su utilidad para el que las consume. Aquí interviene la necesidad del consumidor, quien decide para qué le puede servir un objeto dado, dentro de las potencialidades del mismo. Esta propiedad de ser valor de uso es por lo tanto, una propiedad cualitativa de las cosas, en tanto depende de la cualidad concreta del objeto, y no de la cantidad de otros valores de uso por los que ese objeto pueda intercambiarse.

Por otro lado, la cantidad de valores de uso por los que se cambia otro valor de uso dado, es decir la proporción del intercambio, es la propiedad cuantitativa de las mercancías, es el valor de cambio. El valor de cambio es la forma social que deben tomar los valores de uso, como consecuencia de ser producidos en la forma social de mercancías. Por lo tanto, el valor de uso es el portador del valor de cambio, y la cosa útil es necesaria para que exista el valor de cambio de esa cosa útil. Pero al mismo tiempo permanece la dualidad de la mercancía. El valor de uso subyace al valor de cambio, pero es completamente inútil para determinar la magnitud del valor de cambio. ¿Porqué? Por dos razones: porque el valor de uso nos habla sólo de la cualidad, cuando lo que debemos buscar obligatoriamente en una proporción es, en cambio, una relación cuantitativa; y porque las cualidades particulares de las mercancías no pueden usarse para establecer proporciones y compararse con la multitud de las demás mercancías. De aquí se deriva la necesidad de encontrar algo común a todas las mercancías, que se abstraiga de sus valores de uso, una sustancia que por esto mismo, es abstracta (como opuesto a lo concreto particular)(1).

Tal sustancia abstracta es el gasto de energía laboral humana en general, porque “si ponemos a un lado el valor de uso del cuerpo de las mercancías, únicamente les restará una propiedad: la de ser productos del trabajo“. En efecto, el trabajo abstracto no es más que el trabajo social, considerado como un esfuerzo general e indiferenciado, y haciendo abstracción de las formas particulares de los trabajos concretos. Este esfuerzo general es el mismo que han realizado todas las sociedades para poder extraer su sustento de la naturaleza, y por lo mismo, todas las economías han tenido que distribuir las porciones de trabajo abstracto según sus necesidades. Las formas particulares de esta distribución son materia de la historia, y hemos visto algunos casos en posts anteriores. La forma propiamente capitalista de distribuir este trabajo es lo que estudia la teoría del valor-trabajo (2).

Al dejar de lado el valor de uso también hacemos abstracción de los trabajos concretos que hacen a la especificidad de cada mercancía y que desembocan en cada una de ellas. Los procedimientos distintos que utiliza un sastre para confeccionar un pantalón o los que realiza para hacer un saco, no nos interesan, pues son también incomparables del mismo modo que lo son los valores de uso que son su fruto. En cambio, sí nos interesa el gasto de energía en que ha incurrido en ambos casos, gasto de energía que sí es comparable, ya que se puede medir.

El trabajo abstracto se puede medir según la cantidad de tiempo de su duración (como de hecho lo hacen los empresarios que controlan obsesivamente el tiempo de trabajo de los obreros). Para hacer esto hay que considerar al trabajo como algo homogéneo, de modo de poder comparar cantidades de algo similar. A su vez partimos del trabajo homogéneo en su forma más simple:  gasto humano de energía en las tareas que están al alcance de cualquier trabajador con un entrenamiento mínimo. A partir de esta forma elemental luego podemos considerar trabajos más complejos y cuantificarlos como múltiplos del trabajo simple, según el grado de inversión en instrucción que esos trabajos hayan requerido (este cálculo es algo que también sucede normalmente en el lugar de trabajo, por parte del empresario que calcula cuánto remunerar al trabajo simple y cuánto al complejo). Como otras veces en la exposición, podría parecer que un concepto, como en este caso el de trabajo abstracto homogéneo simple, es un resultado exclusivo de la deducción y que no tiene existencia real. Pero esto no es así. Muy por el contrario, el trabajo simple es tan real que es el mayoritario en nuestra economía, es el que vemos realizado por la mayoría de los asalariados, ya sea en servicios o en producción, es un trabajo poco jerarquizado y sujeto a la competencia de las masas de desocupados; es el tipo de trabajo que debe predominar en una sociedad que convierte a sus miembros en engranajes de sus máquinas.

Ahora bien, si el trabajo abstracto es la sustancia del valor, sin embargo su medida en tiempo de trabajo nos lleva a hacer una precisión que separa a la teoría marxiana de versiones anteriores y más burdas. Para Marx, el valor está determinado por el tiempo de trabajo abstracto socialmente necesario.

Con esto se quiere decir que el valor no depende del tiempo de trabajo de cualquier productor individual, como si un holgazán fuera a producir más valor sólo por tardar más… en cambio lo que determina el valor es la cantidad de trabajo abstracto que en promedio se requiere para producir una mercancía. Es como si se sumaran todos los trabajos invertidos en la producción de un tipo de mercancía, y luego se dividiera la suma total de tiempo de trabajo por la cantidad de mercancías. El resultado sería el tiempo promedio que se requiere para producir cada mercancía. Por lo tanto es la productividad media y el ritmo de trabajo medio lo que determina la magnitud del valor. La competencia no permitiría que los valores escapasen a este promedio. Por lo mismo, dado que el valor es de naturaleza social, el tiempo de trabajo que cuenta es el del presente. No importa cuánto haya costado producir un bien hace dos años, sino cuánto cuesta producirlo hoy. El valor pasado no se mantiene intacto como si fuera una entidad física.(3)

Otro aspecto del carácter socialmente necesario del trabajo, es que -justamente- debe ser necesario para la sociedad, o en otras palabras, debe ser un esfuerzo socialmente útil. Esto se verifica sólo cuando al llegar al mercado, la mercancía encuentra una demanda acorde a su cantidad producida. Es decir que sólo cuando la mercancía puede venderse, es portadora de valor. En caso contrario, el trabajo incorporado en ella es inútil. Marx explica que si una porción de las mercancías no se vende, entonces se está desperdiciando trabajo, un trabajo que no vale nada. Es como si los productores hubieran empleado más tiempo del necesario en la producción de cada mercancía, como si su productividad fuese inferior a la media y por lo tanto el valor que producen es inferior al que producen otros productores con el mismo tiempo de trabajo. Esto nuevamente enfatiza el carácter social del valor.(4)

Finalmente vamos a repasar cuáles son los requisitos que obligatoriamente debe reunir la sustancia del valor, y añadiremos los que por obvios, a veces no se mencionan.

Ya vimos que es necesario que lo que determina el valor esté presente en el proceso de producción y no fuera de él. Esto descarta a la utilidad (entre otros candidatos) como determinante;

vimos que debe ser algo social y no físico, para dar cuenta de incrementos de valor no visibles en la cruda cantidad de materia del producto. Esto descarta a la teoría fisiocrática y neo-ricardiana;

que debe ser algo cuantificable, puesto que debe determinar una proporción, y que por lo tanto no puede basarse en las cualidades corporales de las cosas. Otra vez, esto descarta a la utilidad subjetiva;

que debe ser una sustancia común a todas las mercancías, y que por lo tanto, otra vez, no puede basarse en las características de los valores de uso. Entonces debe ser abstracto. Esto descarta a candidatos tan burdos como el peso, ya que no se presenta en los servicios y es una cualidad física;

que la sustancia del valor debe poder entenderse a partir de una concepción social de conjunto, que haga de nuestro determinante algo real y no meramente especulativo. En definitiva, debe haber una perspectiva histórica en la que se inserte la noción.(5) Otra vez, esto descarta a la utilidad.

Agregamos ahora que la sustancia del valor debe ser algo exclusivo de las mercancías, ya que de otro modo encontraríamos que nuestro candidato determina el valor de las mercancías, pero al mismo tiempo no determina valor alguno en otras cosas distintas en las que también está presente. Otra vez excluimos a la utilidad, tanto subjetiva como objetiva.(6)

Por último, no está de más aclarar que cuando hablamos de una mercancía nos referimos a aquel valor de uso que puede reproducirse sin límites aparentes, de modo de poder ajustar su cantidad ante la demanda y de este modo poder mantener su valor no deformado por las presiones de la escasez.(7)

En el próximo post criticaremos a la teoría de la utilidad marginal, y en los que le sigan, volveremos sobre la teoría del valor-trabajo para expandir y mejorar muchos de los puntos que hemos tocado aquí (me temo que se me hizo demasiado largo y ni siquiera he podido llegar a la plusvalía aún, y apenas al dinero). Agrego que me baso muy fuertemente en el capítulo 2 de “Valor, mercado mundial y globalización” de R. Astarita, y secundariamente en algunos libros de D. Guerrero como “Historia del pensamiento económico heterodoxo”,  “¿Es posible demostrar la teoría laboral del valor?” y de Shaikh “Valor…”, por si alguien quiere consultarlos.

————————————————————————————————-

(1) Por esto Carl Menger intentó postular como sustancia a la utilidad, usando las leyes de Gossen como fundamento para su invención. Pero las utilidades -marginales- no pueden cuantificarse y por lo tanto no pueden determinar proporción alguna. El individualismo metodológico le impidió a Menger el darse cuenta de esto, ya que él sólo comparaba dos mercancías entre sí y veía que se podía elegir una por sobre la otra, y a partir de esto suponía que todas las mercancías se podían ordenar con la misma facilidad. Esta falacia de composición tan elemental es algo que también pasaron por alto todos los seguidores austríacos, neoclásicos, keynesianos, heterodoxos varios, etc, por lo que la impericia de Menger se encuentra en la mala compañía de multitudes de académicos.

(2) Por lo tanto, la principal demostración de que los trabajos se miden y se comparan para poder así distribuirse, reside en la misma historia de la humanidad. La cuestión que debemos resolver al estudiar al capitalismo es en cambio porqué esto sucede bajo la forma particular de mercancías portadoras de valor.

(3) Esto afecta también al valor de los medios de producción del capitalista, por ejemplo, una máquina: si un año después de comprar una máquina a un valor, ese tipo de máquina se está vendiendo en el mercado a un valor inferior (acaso porque ahora cuesta menos producirla), entonces el valor presente de esa mercancía, como de cualquier otra, es el del mercado y no el anterior. Esto a su vez repercute en el valor de la mercancía que se produce con esa máquina, pues con su desgaste los medios de producción van trasladando su valor, por fracciones, a cada mercancía, hasta que quedan inutilizados. Si el valor de la herramienta disminuye, entonces el valor que puede trasladar al producto, también disminuye.

(4) Esta necesidad de la mercancía de ver su valor sancionado en el mercado para que éste efectivamente exista, proviene del hecho de que el valor incorporado en una mercancía sólo puede manifestarse al establecerse una comparación con otra mercancía. En esta relación se establece una equivalencia, pues una cantidad x de una mercancía A equivaldrá a una cantidad y de una mercancía B, y el primer bien expresará su valor en el cuerpo del segundo bien. Con esto se quiere decir que el valor de cambio de una mercancía va a expresarse como una cierta cantidad de valores de uso de algún otro tipo, es decir una cierta cantidad de otras mercancías. Por ejemplo, el valor de un auto puede expresarse en el de una bicicleta, diciendo: un auto vale 500 bicicletas. En este caso la bicicleta es el equivalente. Cuando la sociedad puede encontrar un equivalente que pueda ser comparado e intercambiado con todas las mercancías, entonces ése será el equivalente universal, que es nada menos que el dinero-mercancía: una mercancía deseada por todos porque su valor de uso específico es el de encarnar valor de cambio (como el oro, que es atesorado en los bancos centrales para respaldar al papel-moneda circulante). Pero este tema merece ser tratado con mayor extensión, por lo que dejaremos su profundización para otro post.

(5) Ver la Carta a Kugelmann, de Marx, de julio de 1868.

(6) Dejo un fragmento de Guerrero: “Por tanto, dejando a un lado ciertos bienes y productos irreproducibles[11], puede afirmarse que las únicas propiedades comunes, cuantificables y exclusivas de todas las mercancías reproducibles por el hombre son las de “ser producto de este trabajo humano” y “tener un precio”. Es verdad que hay otras teorías que han insistido en otras propiedades comunes de las mercancías, pero a este respecto hay que añadir que las otras propiedades que citan los críticos -la “utilidad abstracta” de Wicksteed (1884) y Steedman (1995c), la de “ser deseadas por la gente”, de Böhm-Bawerk (1896) y Roemer (1988), o la de haber intervenido en su producción, directa o indirectamente, “el trigo” (Sraffa 1960, Roemer 1982), “la energía” (Elster 1978b) o “la mercancía k” (Vegara 1979)- no cumplen alguno o varios de los requisitos citados. Así, la de poseer utilidad, si se interpreta como “utilidad subjetiva”, no es una propiedad exclusiva de las mercancías ni es cuantificable. La de tener una “utilidad objetiva”, aunque pueda ser cuantificable en el sentido de que dos chaquetas poseen el doble de ella que una chaqueta, no es exclusiva de las mercancías, pues el aire, el sol o el agua también la poseen. Y cualquier otra propiedad imaginable, o bien está incluida entre las dos anteriormente mencionadas, o bien no puede ser realmente una propiedad común a todas las mercancías, salvo en un sentido puramente artificial y contingente, como cuando se pretende, basándose en los datos de las tablas input-output, que cualquier mercancía (al menos, las que Sraffa llamaba “básicas”) tiene la propiedad de participar directa o indirectamente en la producción de cualquier otra.”

Historia del pensamiento económico heterodoxo, Cap. 3 (recomiendo leer las teorías absurdas que presenta Guerrero más abajo).

(7) Traigo nuevamente la cita de Ricardo para definir que una mercancía es tal en tanto pueda ser reproducida sin límites aparentes: “Existen ciertos bienes cuyo valor está determinado tan sólo por su escasez. Ningún trabajo puede aumentar la cantidad de dichos bienes y, por tanto, su valor no puede ser reducido por una mayor oferta de los mismos. Ciertas estatuas y cuadros raros, libros y monedas escasos, vinos de calidad peculiar, que sólo pueden elaborarse con uvas cosechadas en un determinado suelo, del cual existe una cantidad muy limitada, todos ellos pertenecen a este grupo. Su valor es totalmente independiente de la cantidad de trabajo originariamente necesaria para producirlos, y varía con la diversa riqueza y las distintas inclinaciones de quienes desean poseerlos.
Sin embargo, estos bienes constituyen tan sólo una pequeña parte de todo el conjunto de bienes que diariamente se intercambian en el mercado. La mayoría de los bienes que son objetos de deseo se procuran mediante el trabajo, y pueden ser multiplicados, no solamente en una nación, sino en muchas, casi sin ningún límite determinable, si estamos dispuestos a dedicar el trabajo necesario para obtenerlos.
Por tanto, al hablar de los bienes, de su valor en cambio y de las leyes que rigen sus precios relativos, siempre hacemos alusión a aquellos bienes que pueden producirse en mayor cantidad, mediante el ejercicio de la actividad humana, y en cuya producción opera la competencia sin restricción alguna.”

Principios de Economía

—————————

Descarga del archivo en formato Word.

About these ads

Acerca de Ezequiel

Marxista.
Esta entrada fue publicada en Economía, Teoría del valor y etiquetada , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

9 respuestas a Teoría del valor-trabajo

  1. Carlx dijo:

    Gracias por este gran artículo que me hace entender mucho mejor la TLV, y espero ansioso que sigas con la plusvalía y el precio.

    Sabes donde podría comprar online y digitalizado el libro “Valor, mercado mundial y globalización ” de Rolando Astarita?

    un saludo desde una Europa que se hunde ¡¡

    • Ezequiel dijo:

      Por acá no falta mucho para hundirnos tampoco… creo que el libro de Astarita no está disponible digitalizado, y además en Argentina no se ha editado nuevamente todavía, así que es difícil conseguirlo. Dentro de poco voy a completar el tema de la plusvalía, que es básicamente lo que está en la segunda sección de El Capital.
      Saludos.

  2. Carlx dijo:

    Como se explican las diferencias entre los salarios de unas profesiones y otras desde la TLV?

    • Ezequiel dijo:

      Para reproducir la fuerza de trabajo de un obrero de calificación mínima se requiere una cantidad de mercancías inferior a la que se requiere para reproducir la fuerza de trabajo de un obrero calificado.
      En el primer caso, la mera subsistencia (más algunas comodidades mínimas determinadas por el estado general de la producción y la lucha de clases) es suficiente para que el obrero se reproduzca como tal y que al mismo tiempo se reproduzca en la forma de sus hijos, que luego serán obreros.
      En el segundo caso, para reproducir obreros calificados se requiere una canasta de mercancías superior, por ejemplo para cubrir las necesidades educativas del empleado y de sus vástagos.
      Recordemos que lo que determina el valor de una mercancía son sus costos de producción, y la fuerza de trabajo es una mercancía. Cuanto más compleja sea la fuerza de trabajo, más costosa será su producción.

      • Carlx dijo:

        Gracias, Marx es fascinante y muy sólido, pero también complicado para los que empezamos con el. Cuando crees que lo tienes, .., surge algo nuevo, tu blog va a servir para que mucha gente se acerque a el de una forma menos árida.

        Un saludo

  3. Carlx dijo:

    Sigo con mis dudas existenciales, perdón si soy pesado:

    Los no propietarios de los medios de producción vendemos nuestra mercancía fuerza de trabajo a cambio de un salario, ¿con nuestra fuerza de trabajo creamos valor de uso y valor de cambio no?, y el valor de cambio es equivalente al valor creado y se mide por las horas de trabajo socialmente necesario.
    ¿Como se puede explicar desde la TLV los salarios de actores, deportistas, artistas etc?, ¿y el salario de cualquiera de ellos cuando trabajan en campañas de publicidad para otras empresas?.

    Por otro lado el tema de las marcas tampoco lo tengo muy claro, porque se paga más por una mercancía de Apple por ejemplo.

    Gracias

    • Ezequiel dijo:

      No es ninguna molestia, al contrario, el objetivo aquí es aclarar todo lo que sea necesario.

      “¿Como se puede explicar desde la TLV los salarios de actores, deportistas, artistas etc?, ¿y el salario de cualquiera de ellos cuando trabajan en campañas de publicidad para otras empresas?”

      La TLV puede explicar el salario de los actores/deportistas/artistas que formen parte de una masa poco diferenciada de trabajadores. Por ejemplo, los jugadores de la segunda división de fútbol cobran un salario como el de cualquier trabajador medio (al menos en Argentina). Aquí funciona la competencia como en cualquier otra rama, la competencia entre trabajadores.
      Cuando el talento diferencia a algunos jugadores, en cambio, ya no están sujetos a la misma competencia, y de la misma manera que la TLV no explica los precios de bienes monopolizables no-reproducibles, tampoco explica los niveles salariales de trabajadores que posean alguna excepcionalidad.

      En el caso de las marcas, habría que ver si la mercancía en cuestión no ofrece una mayor calidad al mismo tiempo que gasta en publicidad. No conozco el caso concreto de Apple, pero suele suceder que las marcas más promocionadas entregan una calidad superior, que sólo puede lograrse con una cantidad de trabajo superior a la de sus competidores.
      También hay que ver en qué grado una marca gana por calidad y por el monopolio de alguna característica. El caso de Coca Cola es notable, ya que monopoliza una receta,. y puede que su mayor precio se deba a esto. Sin embargo, es notable cómo la competencia de los sucedáneos mantiene sus precios a un nivel cercano al de los demás (al menos al de Pepsi), con lo que vemos que sigue funcionando la presión que ajusta los precios a los costos de producción.

  4. Carlx dijo:

    Cuanto mas leo más dudas me entran, ¿el valor de uso para Marx es el uso de un bien para lo que fue producido?, quiero decir,.., el valor de uso de una silla para el comprador es sentarse, para el productor y vendedor su valor de cambio, ¿este valor de uso para Marx es digamos su valor de uso objetivo?

    ¿O es la utilidad subjetiva de los productores, vendedores o compradores?, esta opción me plantea mucho problemas, yo puedo necesitar, incluso desear una silla, pero hasta que no llegue al mercado y conozca el precio que me piden por ella no voy a saber si tiene más utilidad para mi, más valor de uso subjetivo para mi que lo que me piden a cambio, por tanto necesito conocer el precio para conocer el valor de uso, lo que me lleva a un razonamiento circular como al que se llega con el tema de la utilidad marginal-precio .

    • Ezequiel dijo:

      El valor de uso está fundado en la corporeidad de la cosa (cuando la mercancía es una cosa material), y por lo tanto no puede ser cualquier cosa. Para una silla uno puede imaginar varias utilidades, pero no cualquier utilidad.
      Quienes defiendan que el valor de uso es solamente subjetivo, podrían tratar de explicarnos cuántos valores de uso tiene la mercancía “transporte de ganado de un punto (el campo) A a un punto B (ciudad o puerto)”. El transporte de mercancías es a su vez una mercancía que se vende, es un servicio, y no tiene más que un valor de uso, o a lo sumo dos: el consumo, o la venta de la mercancía transportada.
      Por lo tanto el valor de uso tiene a la vez un costado subjetivo y otro objetivo. Pero el costado subjetivo está previamente condicionado por el contexto social… uno no pone mucho de su imaginación cuando decide ir a comprar arroz… simplemente quiere comerlo. Que se pueda hacer otras cosas con el mismo, como arrojarlo en un casamiento, es poco importante, y esto es así porque cuando el productor produce una mercancía, le importa que sea socialmente útil, para poder venderla masivamente. Al productor no le interesa que a algún lunático se le ocurra que el arroz tenga virtudes afrodisíacas o alguna cosa por el estilo. Entonces esto no es económicamente relevante.
      Además, como decís vos, la teoría utilitarista, para no caer en circularidad, tiene que suponer un ordenamiento de las utilidades marginales, que sea previo a todo, a la sociedad y al mercado. Esto para que las utilidades no dependan de los precios, lo que llevaría a la objeción de que aquello que quiere determinar los precios (las utilidades) está a su vez determinado por los precios…
      Entonces tienen que salir de este embrollo postulando una racionalidad absoluta y asocial, que determina el ordenamiento de las utilidades. Por esto tienen que pasar por alto que los precios, como bien decís, afectan nuestras decisiones de compra.
      Y si admitieran esto último, tendrían que volver a la circularidad anterior.
      Uno se pregunta aquí, ¿cuál es su salida teórica? La respuesta es: ¿¡desde cuándo les importa tener una salida? Mientras dominen la enseñanza de economía, pueden no enseñar estos problemas.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s